Una Nueva Manera de Mirarte A Ti Mismo

by Allen Watson

El siguiente artículo se deriva de mi estudio de Un Curso de Milagros. Esto es lo que el Curso me dice, expresado en mis propias palabras, sin referencia directa a ningún pasaje del Curso, pero todo lo que habrás de leer proviene del Curso, procesado a través de mi mente. Al escribir estas palabras, sentí como si Jesús me estuviera hablando pero no pretendo decir que he escuchado una voz, tal como sucedió con Helen Schucman. Estas son las palabras que imagino que Jesús podría decirme, así que las escribí como si Jesús estuviera hablando. Puedes decidir por ti mismo cuán fielmente he "escuchado".

Todavía no he hecho realidad estas palabras en mí, pero sé que es hacia allí donde voy. Hacia allí es donde todos vamos. Al hacerme a un lado y permitirle a Jesús que hablara a través de mí, sentí como si encontrara la voz de mi propio corazón. ¡Y esa es la verdad! Ya que la voz que aquí habla, habla en todos nosotros. Creo que estas palabras son un mensaje desde nuestro verdadero Ser, dirigidas a mí y a ti. Esto, y solo esto, es aquello que en verdad somos.


No hay nada equivocado en ti. No hay nada malo en ti, nada retorcido o estropeado. En verdad eres el inocente hijo de Dios.

Has contemplado aquello que eres, los pensamientos que has tenido, las formas en que te has sentido y te has dicho que "¡eres una mala persona!". Has pensado que aquello que contemplaste en ti era feo y malvado, deplorable y endeble, o – lo peor de todo – sin esperanza alguna. Te has juzgado a ti mismo como horrible y despiadado.

Tengo buenas nuevas para ti. ¡Estás equivocado!

Es muy, pero muy difícil admitir que estás equivocado, incluso en cosas tan espantosas como estas. Sentirte de esa forma es lo único que conoces, es la única forma de ser que conoces. Te identificas con esto. Es cómodo, y de alguna manera justo en su pervertida enfermedad. De alguna forma sientes que "Esto soy yo. Estoy seguro con esto. Tengo miedo incluso de pensar que yo soy otra cosa, algo mejor porque me sentiría profunda y terriblemente decepcionado si me atreviera a tener esperanzas y luego descubrir que yo tenía razón. Mejor no tener esperanzas. Mejor no soñar que quizás, de alguna manera, de alguna forma mágica, yo pudiera ser inocente en lugar de culpable".

Y sin embargo, estás equivocado. La culpa que sientes no tiene motivo, nada ha sucedido. No has pecado. ¡Nunca!.

Pero sí hiciste esas cosas que recuerdas. Dijiste esas palabras atroces. La persona que amabas se sintió lastimada, lastimada por ti. No podemos negar esto.

Sin embargo, sí negamos – yo y el Espíritu Santo y Dios el Padre negamos – es que esas cosas que te hicieron sentir tan culpable significan lo que tú crees que significan.

No significan que eres malvado.

No significan que has "pecado".

No significan que estés separado de Dios para siempre, ni siquiera por un pequeñísimo instante de tiempo.

No significan que, de alguna manera, has perdido tu inocencia, inocencia que te fue dada como un regalo de Dios en la creación.

No significan que has dejado de ser un ser amoroso.

No significan que no eres digno de amor, no eres digno de gracia, no digno de los regalos de Dios, no digno de salud, vida o abundancia.

No significan que no tienes derecho al júbilo.

No significan que estés condenado.

No significan que algo de valor ha sido perdido, herido o dañado.

Has estado contemplando tus propios pensamientos, palabras y acciones y las has considerado pecaminosas, las has juzgado como la prueba de que has dejado de ser un hijo d Dios. Y has estado equivocado. Me regocija decirte que ¡estás equivocado! Aquello que Dios creó santo es incorruptible.

Verás, todo es cuestión de interpretación.

Esas cosas que te avergüenzan, que te hacen sentir muy pequeño, esos oscuros secretos que jamás has compartido con nadie – o que deseas no haber compartido con nadie – has contemplado esas cosas y las has juzgado como "pecado". ¡Qué idea tonta! No son pecados. El pecado es un tonto concepto que has tenido. Un tonto concepto que ha desbaratado el mundo tal como lo ves.

Puesto que en gran parte de lo que has juzgado como oscuro y malvado en ti en absolutamente insoportable – y son tantas y tantas las cosas que has juzgado en ti – te has sentido impulsado a proyectarlas fuera de ti mismo. Reacciones con violencia cuando piensas que ves estas mismas cosas en los demás debido al hecho de que tienes mucho, pero mucho miedo de admitir que esos mismos pensamientos oscuros existen en ti. Aquello que no te gusta en alguien es lo mismo que tienes miedo de ver en ti.

Pero tu miedo no tiene motivo alguno. Estas cosas en ti no son "pecado". El pecado es únicamente una interpretación que has hecho y es una interpretación totalmente infundada. Te has subestimado en demasía. Te has juzgado erróneamente.

Atacas a tus hermanos sólo porque crees que ellos te han privado de algo que necesitas. En realidad, nunca has estado privado de algo; tu ataque proviene de la ignorancia. Es un error, no un pecado. Puedes aprender esta verdad respecto de ti aprendiéndola respeto de tus hermanos. Cuando tus hermanos aparentemente te atacan, te están ofreciendo una oportunidad de bendecirte a ti mismo al bendecirlos a ellos – mirando más allá de la apariencia del ego en dirección a la realidad de quien son tus hermanos en verdad. Sientes carencias en ti porque insistes en ver carencias en tus hermanos, y aquello que les niegas a tus hermanos te lo niegas a ti mismo.

No puedes amarte a ti mismo tal como el ego te ve, pero puedes reconocer que tanto el ego y la imagen que de ti el ego ha construido, no eres tú. Lo único que necesitas hacer es negar la realidad de falso y desamorado ser en tus hermanos. He dicho "No le enseñes a nadie que él es lo que tú no querrías ser. (T-7.VII.3:8) Mientras sigas viendo maldad en ellos, seguirán viéndola en ti. Enséñales en cambio, sobre la abundancia de que disponen como Hijos de Dios y así recordarás tu propia abundancia.

Has quedado atrapado en el insano torbellino del juicio y del odio a ti mismo. ¡Cuán equivocado has estado! Tú eres el hermoso hijo de Dios. Tú eres todo aquello que has estado buscando. ¿Qué más podrías buscar? El amor es aquello que sabes que es correcto, que sabes que es verdad, que sabes que es bueno y santo y puro e increíblemente bello. Y sabes esto porque esto es lo que eres.

¡Cuán terrible y espantosamente frustrante ha sido toda tu vida, saber aquello que debes ser y sentir que nunca podías serlo! Cuán triste, cuán trágica sentiste que era tu vida.

¡Querido hermano! ¡Querida hermana! ¡Regocíjate! ¡Sólo has cometido un tonto error! Tú no eres ese lamentable ser que pensaste que eras. Aún eres el hijo de Dios. Dios es aún tu Padre y todavía eres tal como Él te creó. Nada ha cambiado. Puedes ser aquello que siempre supiste que debías ser. Ya lo eres. Nunca has dejado de serlo.

El hecho de que hayas alejado al amor y rehuido a la unión solamente demuestra que inconscientemente crees en la realidad del amor y de la unión. Existen sólo dos emociones, amor y miedo y el miedo no es sino un pedido de amor.

Renuncia a propios juicios. Deja de lado las dudas sobre ti. ¡Quita la corona de espinas y deja de incrustar los clavos; no eres culpable! ¡Tú no eres culpable! No mereces esta crucifixión! ¡Dios no dispuso eso para ti! Tú mismo lo has elegido! ¡Y no tiene por qué ser así!

Todavía tienes el poder de elegir liberarte a ti mismo. Nunca perderás ese poder, no importa qué hagas, por lo tanto no puedo sentir desesperación o ansiedad, ni siquiera la más ligera preocupación porque aparentemente ahora no me escuchas. Mi júbilo es pleno. Se que es inevitable que escuches la verdad. La pesadilla puede terminar en el mismo instante que elijas ponerle fin. Y elegirás ponerle fin, por lo tanto mi júbilo es pleno.

Cuando seas capaz de contemplar cada cosa espantosa que has juzgado en ti y veas la verdad – que no es nada excepto tu propia mente confundida pidiendo amor – estarás en tu hogar. Tus oscuros secretos no son pecados. No son debilidad. No son fallas. ¡Son las plegarias de tu corazón, la evidencia, la prueba de tu eterna inocencia! Son el corazón que sufre por aquello que piensa que ha hecho. Son la esencia y el florecimiento de la vida y el amor en ti. No son tu condenación, son tu salvación. Aquello que pensaste que eran pecados es en realidad la prueba de que el amor todavía palpita dentro de ti. Son los testigos de la verdad que señala que el amor en ti jamás morirá.

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