Un Retrato Conjunto de Jesús

by Robert Perry

Paralelos entre el Jesús histórico y el autor de Un Curso de Milagros®

Se afirma que, a través de un escriba humano, Jesús es el autor de Un Curso de Milagros. Si esto es realmente cierto, sería natural que esperásemos encontrar paralelos entre el Jesús de la historia y el autor del Curso. Si no encontramos esos paralelos, ¿cuán creíble puede ser la afirmación del Curso? En caso que sí los encontrásemos, nos daría una ventana hacia la visión esencial de una figura que ha dado forma a nuestro mundo como tal vez nadie más lo haya hecho. Sin embargo, el Jesús del Curso difiere del Jesús de los evangelios de muchas maneras. Él no resalta constantemente su condición elevada ni nos pide que creamos en él, como en el Evangelio de Juan. Esta falta de similitud cambia, sin embargo, cuando los historiadores profesionales examinan los evangelios, tratando de separar lo que es históricamente exacto de lo que no lo es. Muchas de sus conclusiones terminan retratándolo a Jesús con un extraño parecido al autor del Curso. Para demostrarlo, he compuesto el siguiente retrato conjunto (abreviando el artículo "¿Quién fue el Jesús histórico: escribió Un Curso de Milagros?" que se encuentra en el sitio del Círculo: http://www.circleofa.org/articles/WhoWasJesus.php). Este retrato está basado en mi entendimiento del Curso y en la obra sobre Jesús de Marcus Borg, un especialista en estudios Bíblicos particularmente prominente, autor de "Conociendo a Jesús de nuevo por primera vez" y "Jesús: una nueva visión". Cada aseveración en los párrafos que siguen pretenden ser verdad tanto del Jesús histórico como del Jesús del Curso. Lo que surge, en mi opinión, es un retrato de una figura cautivante con una visión única e incitante.

Jesús no es el Hijo único de Dios enviado a la tierra para morir por nuestros pecados. En vez, él es uno de nosotros, quien, como hombre, sencillamente tenía un contacto con Dios de un nivel inusual. Dice notablemente poco acerca de sí mismo. Habiendo encontrado la libertad para sí, su única meta fue ayudarnos a que nosotros también la lográramos. Con ese fin, es primordialmente un maestro, uno que es maestro de la palabra. Lo que enseña no es la corrección de creencias ni lo que es moral, sino una forma de transformación. Esta forma es una alternativa radical frente a la sabiduría convencional del mundo. Por lo tanto, sus enseñanzas continuamente invierten nuestra manera normal de ver la vida. Buscan transformar nuestra percepción para que veamos al mundo a través de nuevos ojos.

Sus enseñanzas se pueden agrupar en tres grandes temas:

  1. una visión fundamental de la realidad,
  2. un diagnóstico de la condición humana,
  3. y una presentación del camino a la liberación.

I. VisiÓn Fundamental de la Realidad

La visión de Jesús es fundamentalmente, que el espíritu, no la materia, es la realidad, en la cima del cual está Dios. El carácter de Dios es un tema crucial para Jesús. Él critica nuestras religiones tradicionales por su énfasis en un Dios que castiga. En vez, él ve a Dios como un padre bondadoso, atento, comprensivo, accesible. Totalmente contraria a nuestra idea de cómo tratar a la gente, Dios no hace ninguna relación entre lo que pareciéramos merecer y cómo Él realmente responde a nosotros. Como resultado, Dios derrama Su bendición sobre justos y corruptos por igual. Les da la bienvenida a todos, sin dejar a nadie fuera del círculo de Su amor. Él responde a todos con el mismo amor sin medida, aunque parezcan merecer lo contrario. Incluso cuando creemos que nos hemos ganado Su ira, Él nos abraza y nos trata como su hijo bienamado.

II DiagnÓstico del problema

El diagnóstico que hace Jesús de la condición humana desafía nuestras presunciones más atesoradas, pues dice que el problema no es lo que llamamos la maldad, el pecado y el crimen, sino lo que llamamos la buena vida. Él censura nuestras relaciones amorosas primarias, considerándolas fundamentalmente interesadas. Él apunta a nuestra preocupación con las cosas materiales, calificándolas de una idolatría que Lo excluye a Dios. Él denuncia nuestro afán de lograr un prestigio mayor que los demás. Y critica el enfoque que tenemos de la religión que enseña que debemos estar a la altura de un Dios exigente. En todas estas cosas, Jesús ve la influencia de un profundo egoísmo. Él ve a un ser ansioso, temeroso, un ser que se preocupa de usar a la gente y a las cosas a su alrededor para construir su propia identidad segura y eminente. Todo este esfuerzo se hace simplemente para recibir la sensación de seguridad, valía y amor, como sustituto del que Dios da libremente.

III. Camino de LiberaciÓn

La cura, según Jesús, no está en una sencilla mejoría de la conducta externa. Debe haber una transformación en los niveles más profundos. Nuestra lealtad fundamental, la fuente de nuestros pensamientos, sentimientos, y conducta, deben sufrir una profunda revolución. Actualmente, estamos centrados en lo que pensamos que nuestro ser es. A ese ser hay que soltarlo, de modo que podamos concentrarnos verdaderamente en Dios. Con esta aparente muerte, sentimos que hemos renacido. Nuestra reacción natural será de celebración y regocijo. Ya no trataremos de arrebatarle al mundo nuestra seguridad e identidad, ya no estaremos pendientes de cómo van las cosas externas, pues estaremos llenos del amor de Dios desde adentro.

Esto nos liberará para relacionarnos con otros de una forma enteramente nueva – de la misma manera en que Dios se relaciona con nosotros. Al igual que con Dios, para nosotros no habrá relación entre lo que los demás parecen merecer y cómo respondemos a ellos. Incluso cuando parecen merecer nuestro odio o indiferencia, nos sentiremos libres para darles todo nuestro amor. Cuando nos atacan sin motivo, responderemos, no de igual modo, sino con perdón, indefensión y generosidad. Cuando son marginados que parecen no tener merecimiento, nosotros les daremos la bienvenida y los integraremos, haciéndoles sentir que han llegado a casa. Esto tendrá en ellos un efecto dramático. Nuestro amor puede hacer milagros. Nosotros, de hecho, podemos ser el comienzo de una nueva clase de patrón social. El espacio que nos circunda puede convertirse en un lugar de dicha y celebración, una especie de festejo continuo al que todos están invitados. Este espacio contiene los comienzos de un nuevo mundo, un mundo que refleja a Dios. Nuestra función es darle paso a este mundo, pues, como nos enseñó nuestro maestro, somos la luz del mundo.

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