Revisando la analogía del proyector de películas

by Greg Mackie

Si hace tiempo que eres estudiante del Curso, probablemente reconozcas la analogía del proyector de películas. Esta analogía ilustra la enseñanza del Curso sobre la proyección, comparándola con la experiencia común de ir al cine: proyectamos nuestros pensamientos para afuera produciendo el mundo que vemos, de la misma forma en que un proyector de cine proyecta una película sobre la pantalla. Según esta analogía, entonces, la manera de cambiar el mundo que vemos es cambiar nuestros pensamientos, como el operador que cambia una película reemplazando una cinta por otra en el proyector.

Yo creo que esta analogía es una manera excelente de transmitir estas ideas. Pero he visto que se usa a veces de una manera que no es tan descriptiva. Se usa para demostrar que cambiar las cosas "ahí afuera" a través de la conducta no tiene cabida en absoluto en el sistema del Curso. Esto es lo que se afirma cuando proclamamos que tratar de conseguir un cambio real mediante la modificación de las cosas en el mundo es como tratar de cambiar una película transformando la pantalla.

Empero, no creo que sea verdad que cambiar lo externo mediante la conducta no tenga cabida en el Curso. Cierto es que el Curso afirma que el cambio de conducta por sí mismo, no puede cambiar la mente. El Curso también aclara que no podremos encontrar la felicidad mediante la manipulación de cosas externas; la felicidad es un trabajo interno. Sin embargo, el Curso le otorga poder al cambio externo, aunque destaca que el cambio que realmente importa ocurre en el nivel de la mente. El cambio externo refuerza ese cambio de mentalidad al comunicar el contenido mental detrás del cambio externo. "Todo comportamiento enseña las creencias que lo motivan" (T.6.I.16.6). Por lo tanto, cuando un obrador de milagros expresa el contenido amoroso de su mente a través de sus palabras y acciones – incluso mediante un milagro externo, tal vez una curación milagrosa -comunica amor a los demás y lo refuerza tanto en sus mentes como en la suya.

Volviendo a la analogía del proyector de películas: creo que para captar lo que el Curso dice acerca del cambio de condiciones externas mediante la conducta, hace falta desmenuzar esta analogía un poco más para examinarla más de cerca. Estos son los paralelismos que veo entre la situación del cine y la enseñanza del Curso:

Operador del proyector = la mente

Película = pensamientos, incluyendo decisiones acerca de cómo percibir el mundo (contenido) y cómo expresar esa percepción con la conducta (forma)

Proyector = proyección/extensión (tanto mental como del comportamiento)

Pantalla = el mundo, sobre el que proyectamos la "película" de nuestros pensamientos y conducta

Público = otras mentes que miran la "película"

Fíjense que el comportamiento no se equipara con "manipulación de la pantalla." Ese paralelismo en particular nunca tuvo sentido para mí. ¿Cómo se compara un cambio externo mediante el comportamiento, cosa que somos capaces de hacer perfectamente, con el intento de cambiar una película manipulando la pantalla, que sin duda es imposible y por lo tanto inútil? Equiparar el comportamiento con algo inútil sugiere que el comportamiento es inútil. Pero, claro está, siempre que el comportamiento aparezca en la pantalla, no es una manipulación de la pantalla sino más bien parte de la película, una decisión de la mente. Así como elegimos el pensamiento-contenido que determina nuestra percepción del mundo (pensamientos del ego o pensamientos del Espíritu Santo), también elegimos la forma del comportamiento por el cual expresamos ese contenido (guiados por el ego o por el Espíritu Santo). Ambas cosas – contenido y forma – se incluye en nuestra "película" y se proyecta sobre la pantalla del mundo para que todos lo vean. Esto es muy útil para el proceso de salvación.

Ahora veamos cómo funciona esta analogía, usando las versiones del ego y del Espíritu Santo. Primero digamos que aquí el "operador del proyector" está atrapado en el ego. Proyecta sus pensamientos del ego sobre la pantalla del mundo y ve una película de terror, un mundo de competencia brutal que lo ataca sin piedad. Como actor en su película, también proyecta el comportamiento de su ego – él mismo es uno de los que compite brutalmente, un atacante que sólo se cuida a sí mismo. Busca la felicidad como todo ego lo hace, tratando de poner todos sus contrincantes en fila, y manipulando al mundo para que le entregue lo que quiere su ego. Su comportamiento egocéntrico comunica inevitablemente el contenido egoico de su mente a los demás que miran la película y refuerza el ego en sus mentes y en la suya. Él ha elegido al ego como consejero y lo que le ofrece al mundo "reforzará el dominio de tu consejero en el mundo" (T-30.I.16.7).

Esto es así, aunque trate de disimular su ego con un comportamiento que parezca amoroso. Puede engañar a la gente por un tiempo, pero en el fondo todos están recibiendo los mensajes de ataque que en realidad envía. Esto es inevitable, porque "todo comportamiento enseña las creencias que lo motivan" – las creencias que realmente lo motivan. El público que mira su película tal vez vea una escena marítima pacífica al principio, pero el tiburón acecha en lo profundo y asomará sus fauces tarde o temprano. La "historia de amor" se revelará rápidamente como la película de terror que es en realidad.

Pero ahora, digamos que el "operador" es una persona cuya mente realmente ha curado. Extiende la bendición del Espíritu Santo a la pantalla del mundo, y mira más allá de las apariencias a la verdadera historia de amor – el mundo real que brilla con paz, alegría y compasión. Su felicidad ya no lo obtiene manipulando el mundo; su única meta ahora es sanar a sus hermanos dándoles el regalo precioso de la percepción sanada. Así extiende pensamientos amorosos desde su mente a las suyas. Es en esta extensión que la curación se lleva a cabo en última instancia.

Sin embargo, como sus hermanos creen que la película que están mirando es real, él hace algo más. Como actor en esta película, él extiende comportamiento amoroso basado en sus pensamientos amorosos. Él se comporta desinteresadamente, uniendo a las Madres Teresa y los Dalai Lama del mundo en su vida dedicada a ayudar a los demás. Él obra milagros, tal vez incluso produciendo curaciones externas dramáticas como hizo Jesús. Este comportamiento comunica el contenido amoroso de su mente a los demás que miran la película y refuerza el amor en sus mentes y en la suya. Él ha elegido al Espíritu Santo como su consejero, y los milagros que ofrece al mundo refuerzan el dominio de este consejero en el mundo. Su conducta amorosa enseña las creencias verdaderamente amorosas que la motivan.

La película "Tiburón" ha sido reemplazada por "El Obrador de Milagros." Y a medida que el público ve esta nueva película con su glorioso mensaje de amor, más cerca está el día en que todos juntos saldremos del cine a solearnos en la eterna luz que es el Amor de Dios.

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