¿Qué es el Espíritu Santo?

by Robert Perry

Traducido por Rosa Hernández Mula con la autorización del Circle of Atonement

Siendo un jovencito luterano, recuerdo un día en que un conferenciante, que nos visitaba en nuestra clase de catequesis, nos relataba la ocasión en que le habían pedido que explicase la naturaleza y la función del Espíritu Santo, durante su entrenamiento pastoral en Japón. En ese momento, me miró directamente e inquirió. "Bien, ¿qué contestarías si alguien te preguntara qué es el Espíritu Santo?". Me sentía avergonzado y a punto de quedárseme trabada la lengua -ya que no tenía ni una pista sobre el tema- cuando comprendí que la que me acababan de hacer era una pregunta retórica. Sin embargo, desde ese día, intenté contestar mentalmente a esa pregunta, por si en alguna ocasión se me hacía de forma real.

Hoy en día, entre los estudiantes de Un Curso de Milagros, esta cuestión de qué es el Espíritu Santo y qué lugar ocupa en nuestras vidas es uno de los temas que más controversias provoca. Difícilmente puedes mencionar al Espíritu Santo sin que las respuestas sean opuestas. Recuerdo una reunión de un grupo de estudio del Curso en que una mujer compartió que cuando en una ocasión parecía no poder ponerse los pendientes en sus orejas perforadas, le pidió ayuda al Espíritu Santo "Y, desde esa primera vez, siempre me funciona", dijo. Otra persona del grupo respondió que él una vez le pidió al Espíritu Santo que le ayudase con su swing de golf y, como resultado, realizó un juego absolutamente terrible. "No creo que el Espíritu Santo sepa nada acerca de golf", concluyó, intentando señalar diplomáticamente que el Curso no tiene nada que ver con pendientes o golpes de golf.

Estas son las dos formas opuestas de pensamiento de la que, constantemente, soy testigo entre los estudiantes del Curso. A una de las posturas yo la llamaría el ala liberal (utilizando la terminología sobre la que escribí en el nº 4 de la Revista Miracles). Este ala liberal, en general, parece sostener que existe este Ser, llamado Espíritu Santo, a Quien Dios creó como respuesta a la separación. Este Espíritu es muy consciente (conscious) y activo, y está continuamente trabajando en nuestro interior para sanar nuestras mentes. Además, este Espíritu se interesa realmente por cada detalle de nuestras vidas. El tiene un plan para literalmente todo: todo lo que pensamos, decimos y hacemos. Por lo tanto, según los liberales, ofrecer los acontecimientos de nuestra vida diaria al Espíritu Santo es un punto fundamental en el estudio y práctica del Curso. Deberíamos buscar Su guía en todo lo que hacemos y deberíamos tener fe en que El cubrirá todas nuestras necesidades terrenales.

Al otro polo, yo lo llamaría el ala conservadora. El arquitecto en jefe del ala conservadora es Ken Wapnick, posiblemente el más respetado intérprete de Un Curso de Milagros. Como él realmente construyó sin ayuda el punto de vista conservador, trataré directamente con sus enseñanzas en este tema. Según Wapnick, el Espíritu Santo no trabaja en el mundo. Su función no tiene que ver con nuestro día a día físico. Su función es ayudarnos a ver las cosas de forma diferente, no a hacer las cosas de otra forma. El está ahí para sanar nuestras mentes, no nuestras vidas externas. El, de hecho, ni siquiera es un Ser que Dios creó, ya que Dios no es siguiera consciente de nuestro sueño (de separación). En cambio, el Espíritu Santo es nuestro propio recuerdo del Amor de Dios. Por lo tanto, desde este punto de vista, no hay un Espíritu creado que, de forma activa, se acerque a nosotros para darnos la salvación.

Las diferencias entre estos dos puntos de vista no son meramente superficiales, semánticas o irrelevantes. Porque estos dos puntos de vista conforman -en diferentes maneras- la forma en que realmente recorremos el camino del Curso. Dos importantes formas que yo veo así:

  1. APLICACIÓN PRACTICA. El ala liberal enfatiza mucho más el hecho de recibir guía en nuestra vida diaria. El ala conservadora, según expresión Ken Wapnick, admite que el hecho de recibir guía puede ser una parte valiosa en los primeros estadios del camino. Así, éste es el "nivel de acceso".
  2. SENTIMIENTO. Ambas posiciones comunican muy diferentes opiniones, resultantes en caminos que conllevan cualidades de sentimiento diferentes en su conjunto.. Y en el sendero interior, donde los sentimientos pueden llevarnos hacia Dios o apartarnos de El, éste es un factor importante. El ala liberal tiene el reconfortantes sentimiento de que una Mano Divina se extiende hacia nosotros, compasivamente y de forma real, para ayudarnos a hacer lo que no podemos hacer solos. El ala conservadora, sin embargo, es reconfortada con la idea de que Dios no está intentando ayudarnos en nuestra condición de separación. Porque si El fuese consciente de nuestro problema, sostienen los conservadores, ésto haría la separación eternamente real. Para los conservadores, por lo tanto, el lado liberal nos consolida más firmemente en este mundo, pues tienen un sentimiento que tiende a hacer real el mundo.

El propósito de este artículo es explorar el asunto del Espíritu Santo en un esfuerzo por averiguar qué enseña realmente el Curso. En este artículo en particular examinaré sólo la mitad del asunto, el nivel de la aplicación práctica. Quizás en un futuro abordaré el nivel teórico -lo que acabo de tratar como el nivel de sentimiento.

En este artículo voy a responder a ambos puntos de vista, el liberal y el conservador, así como exponer mi propia interpretación. Algunos pueden opinar que dirimir directamente diferentes interpretaciones del Curso es inútil. Así pues, hablar de diferencias es sólo una forma. Es el contenido que tú pones en la forma lo que hace que aquél sea útil o inútil. Y, según mi experiencia, si el contenido es una búsqueda amorosa de la verdad, el examinar las diferencias puede ser una ayuda inestimable para que sopesemos la evidencia y llegar a nuestra propia decisión de lo que es cierto.

¿ES LA ESENCIA DEL CURSO GUIAR TU VIDA TERRENAL?

Como ya he dicho, entre los estudiantes más liberales del Curso parece haber una actitud omnipresente de que entregar tus asuntos terrenales al Espíritu Santo es casi la cumbre de la práctica del Curso. Esto significa que, a cada paso, preguntamos al Espíritu Santo qué hacer, en vez de decidir por nosotros mismos. Buscamos su consejo. Y, en vez de pensar que debemos controlar nuestras vidas nosotros mismos, permitimos que Él las orqueste milagrosamente, al punto incluso de confiar en que Él nos proveerá en nuestras necesidades concretas, tales como dinero.

La opinión de los conservadores es que el valor de este elemento del Curso se ha exagerado por los estudiantes de UCDM. Yo estaría de acuerdo en este punto. Recientemente, he tratado de recopilar todo lo referente a cómo el Espíritu Santo afecta a nuestra vida diaria -decisiones, posesiones, acontecimientos de nuestra vida y he conseguido reunir 20 páginas y 2 panfletos de los 3 volúmenes del Curso. De 1.200 páginas en total, eso no es mucho. En consecuencia, pienso que ser guiado por el Espíritu Santo es relativamente un tema menor en el Curso, exactamente como pienso que lo es la meditación.

Por qué? Hay una razón muy simple. En lo más profundo de nuestra condición humana, existe la creencia en el mundo exterior. Esta creencia no es una teoría metafísica abstracta para nosotros; es un principio conductor más allá de casi todos nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. En nuestras vidas diarias esta creencia metafísica toma la forma de dos creencias funcionales: 1) el poder está en el mundo, fuera de nosotros. Esto significa que nosotros estamos bajo el control del mundo. Nuestros sentimientos son dictados por sus formas, sus acontecimientos, su aprobación, sus vientos de cambio. Esto puede catapultarnos a la felicidad o lanzarnos a la más abyecta miseria. 2) la realización reside en el mundo, fuera de nosotros. Esta creencia nos dice que estamos inherentemente vacíos e incompletos. Y, por lo tanto, a nuestro modo de ver, si la realidad está allá fuera en el mundo, la realización debe estar en el mismo sitio. Nos realizamos, entonces, consiguiendo que el mundo nos garantice la realización, brille su aprobación en nosotros, nos diga que somos especiales. Nuestra tarea en la vida es acumular sus recursos, sus placeres, sus premios y su amor.

Nuestras vidas en el mundo, por lo tanto, son básicamente un intento de manipular y controlar el mundo de manera que consigamos que nos ocurra "lo correcto", las cosas que nos harán sentir bien o mal. Esta forma de ser está tan profundamente arraigada que, cuando seguimos el camino espiritual, es muy fácil retenerla y, solapadamente, organizar nuestra espiritualidad alrededor de esta forma de ser. Esto significa que nosotros, simplemente, le damos a Dios el trabajo de hacer que ocurran las cosas "adecuadas" en nuestras vidas -bien guiándonos bien mediante intervención directa-; esas cosas que nos harán sentir bien y no mal.

Claramente, esto no sana el problema raíz. Lo único que lo hará es renunciar a nuestra creencia básica en la realidad del mundo. Debemos comprender que lo que ocurre fuera de nosotros no tiene poder sobre nosotros, ningún poder de hacernos felices, ningún poder de causarnos dolor. Debemos aceptar esto humildemente, sin importar lo que nos suceda, sin importar cómo nos trata el mundo. La realización infinita ya reside brillante en nosotros, esperando ser descubierta.

En esencia, debe dejar de importarnos en qué dirección soplará el viento del mundo. Piensa durante un momento en la enseñanza central del Curso: el perdón. De cualquier forma que lo mires, perdonar significa dejar ir mi rabia por las cosas que no van bien, porque el mundo no me esté tratando bien. ¿Cómo puedo liberarme de esa rabia a menos que no vuelva a estar volcado en que las cosas vayan bien, a menos que deje de importar cómo me trate el mundo? Al final, debo de llegar a estar tan desapegado que, no importa qué ocurra fuera de mí, me mantendré firme, impertérrito, descansando a salvo en la paz de Dios. Este, según el Curso, es el mensaje que Jesús enseñaba en su crucifixión.

Esto es por lo que, cuando el Manual del Maestro pregunta: "¿Se requieren cambios en las condiciones de vida de los maestros de Dios?" su primera respuesta es: "Se requieren cambios en las mentes de los maestros de Dios" (Manual, p.30, M-9.1:1). Y esto es, creo, lo que la posición conservadora persigue. Esto está tratando de recordarnos que éste es un Curso sobre el cambio en nuestras mentes, en perdonar, en liberarnos de valores externos, e ver aspectos pasados, en comprender que no hay mundo. En este recordatorio, yo creo personalmente que los conservadores están facilitando una corrección vitalmente necesaria, por lo que yo veo un casi desequilibrio en el lado liberal.

El valor de la ayuda concreta del Espíritu Santo

Si el valor de la ayuda concreta del E.S. ha sido sobrestimada por parte de los liberales, ¿cuál es su valor?¿Tiene ésto algún valor? Veamos, en primer lugar, qué dice el ala conservadora.

En su serie de cintas "Hacer del Espíritu Santo Algo Especial" Ken Wapnick establece repetidamente que pedir a Jesús o al E.S. ayuda en nuestras vidas no deja de tener valor espiritual. Es más, es extremadamente válido e importante en los primeros estadios del camino espiritual. Lo que sigue es mi actual comprensión de lo que Wapnick está diciendo, basado en la serie de cintas mencionada.

En la condición de separación, es básica la creencia en un Dios separado de nosotros. A causa de nuestra culpa proyectada, este Dios parece ser horriblemente cruel, castigador y juzgador. Sentimos que debemos asegurarnos de no tener nunca un cara a cara con Él o se nos arrebatará la existencia como castigo por nuestros pecados. Esta creencia en un Dios dualista castigador está tan profundamente asentada que no podamos ir directamente aquélla hasta el verdadero conocimiento de un informe (sin forma) Dios de Amor, no-dual. Debe de haber un estadio de transición. Debemos primero experimentar "un Dios dualista, pero amigable más que un Dios dualista que es nuestro enemigo". Esta es una lección que aprendemos al pie de la escalera de nuestro camino espiritual, una lección de jardín de infancia, que pavimenta el camino para las lecciones, más avanzadas, por llegar.

Éste, se nos dice, es el valor de la ayuda concreta procedente del E.S. Esto nos convence de que Dios es amigable, no cruel. Este cubrir nuestras necesidades terrenales respalda nuestra creencia en la realidad de esas necesidades y, por lo tanto, la misma realidad terrenal. Y la idea del E.S. cubriéndolas para nosotros respalda nuestra creencia de que somos los receptores especiales de sus favores. Así, al Espíritu Santo le merece la pena entrar en este enredo, convertirse en un "agente para especiales", porque esto enseña la crucial lección de que no tenemos nada que temer de Dios. Y, una vez que hemos aprendido esa lección, podemos pasar desde nuestra preocupación por las formas exteriores al verdadero punto esencial de las cosas: cambiar nuestras mentes acerca de la realidad del ego, su pecado, su culpa y su universo físico.

Personalmente, siento que hay mucha verdad en ese punto de vista. Aún tan valiosa corrección para la posición liberal como creo que es, también pienso que es una corrección excesiva. Si yo lo entiendo correctamente, Wapnick parece estar diciendo que la ayuda del ES en nuestros asuntos materiales es algo tan reforzador del ego que, básicamente, sólo tiene valor en hacer que nos desplacemos desde la percepción de un cruel Dios dualista a una percepción de un amigable Dios dualista. Ahora, pienso que la ayuda del Espíritu Santo tiene ese valor, pero la idea de que éste es su único valor no me parece que refleje fielmente las palabras del Curso. Porque el Curso no calla en este asunto. Esboza su filosofía de por qué la ayuda concreta del ES es valiosa y significativa. Por eso, cualquier discusión sobre este tema en particular por parte de estudiantes del Curso, tiene necesariamente que estar basada en lo que el propio Curso dice. Puedo encontrar cinco razones en el Curso por las que debemos buscar la ayuda concreta del ES

1. Él nos proporciona símbolos del Amor de Dios inteligibles para nuestra ilusión. Esta primera razón es, esencialmente, de la que Wapnick está hablando. En el folleto "The Song of Prayer" se refiere específicamente a ella. El él se nos dice que cuando el E.S. nos da una respuesta, que la forma de la respuesta "es meramente un eco de la respuesta de Su Voz. El sonido real es siempre un canto de agradecimiento y de amor" (Song of Prayer, p.2; S-1.I:8-9). En otras palabras, la forma de la respuesta -por ejemplo, las palabras que escuchamos, el cheque inesperado en el correo- es simplemente un símbolo onírico del Amor de Dios, un símbolo comprensible de lo inefable.

En una línea similar, el Curso establece que la vista de los resultados del E.S. trabajando a través de nosotros ofrece prueba necesaria -prueba en términos que nosotros podamos entender- de que la Divinidad reside dentro de nosotros, de que estamos todavía conectados a Dios:

"El Espíritu Santo es invisible, pero puedes ver los resultados de Su Presencia, y por ellos te darás cuenta de que Él está ahí. Es claro que lo que Él te capacita para hacer no es de este mundo, pues los milagros violan todas las leyes de la realidad tal como este mundo la juzga. Las leyes del tiempo y del espacio, del volumen y de la masa son transcendidas, pues lo que el Espíritu Santo te capacita para hacer está claramente más allá de todas ellas. Al percibir Sus resultados, comprenderás dónde debe estar Él, y sabrás, por fin, lo que Él es" (T-12.VII.3).

2. Él nos proporciona símbolos de la mente correcta. Esto está estrechamente relacionado con el primer punto, pero es sutilmente diferente. El Curso constantemente da a entender que las formas que el Espíritu Santo nos proporciona no están diseñadas sólo para convencernos de que Él es un chico amable. Están diseñadas para ser símbolos de Su manera de pensar. Él elige aquellas palabras, imágenes, objetos, acontecimientos y situaciones que apelan a la mente y refuerzan el pensamiento superior (tanto directa como indirectamente). Dejados a nuestro propio ingenio escogeremos símbolos que expresen y refuercen el ego. Dando nuestro consentimiento a las formas que Él escoge, realmente estamos dando nuestro consentimiento al cometido más allá de la formas; se lo estamos dando a Su cometido.

Una y otra vez los pasajes del Curso dan a entender que la elección de las formas por parte del Espíritu Santo conllevan Su cometido, Su propósito. Se nos ha dicho que el E.S. emite juicios de forma por nosotros, juicios que requieren "conocer todos los hechos, pasados, presentes y por venir" (Manual, p. 32; M-10.4:8), por lo que deja claro que todos Sus juicios de forma tienen un único sentido: "El Hijo de Dios es inocente y el pecado no existe" (Manual, p.31; M-10.2:9). El Curso también dice que "todo acontecimiento, pasado, presente y por venir, es amorosamente planeado por Aquél cuyo único propósito es tu bien" (Libro de Ejercicios p.271; LE-135.18:1) dando a entender que los acontecimientos que Él planea son vehículos para su propósito de traernos el "bien" o (como dice tres frases más adelante) "la vida eterna". El siguiente pasaje lo establece aún más claramente: "Sus decisiones reflejan lo que Dios sabe acerca de tí" (T-14.III.16:2). Y cuando aquí se habla de "decisiones", significan decisiones de forma, el tipo de decisiones que hace que tú "luches tan frenéticamente por tratar de prever lo que no puedes saber" (T-14.III.16:3).

A un nivel más específico, el Curso dice que el E.S. sabe qué volúmenes del Curso serán las mejores ayudas de aprendizaje para nosotros en este punto de nuestro camino (Manual, p.77; M-29.2). Las ayudas de aprendizaje, por supuesto, son meramente formas. Pero Él sabe qué formas representarán para nosotros el significado del aprendizaje que necesitamos en es te preciso momento. A lo largo de esas misma líneas, el Curso dice que no deberíamos decidir qué posesiones físicas necesitamos porque escogeremos esas formas que, para nosotros, representen el ego: "lo que tú crees necesitar servirá simplemente para fortificar tu mundo contra la Luz" (T-13.VII.11:6). En cambio, debemos comprender que "sólo el Espíritu Santo sabe lo que necesitas" (T-13.VII.12:1).

En estos pasajes, y en muchos otros, del Curso está estableciendo muy claramente que, en cualquier momento en particular, ciertos símbolos del sueño van a ser más educativos que otros para nosotros. El E.S. elige estas formas para nosotros no porque crea que las formas son importantes en y por sí mismas, sino porque Él quiere utilizar aquellas formas para diseñar y reforzar un cierto contenido en nosotros. Y el punto es que sólo Él sabe qué lección es mejor que aprendamos en este estadio de nuestro desarrollo. Y sólo Él sabe qué formas llamarán la atención de nuestra mente y reforzarán ese contenido (lección) en nuestra mente particular. Por esta razón, muchos pasajes en el Curso asumen que hay algo importante en dejar al E.S. que elija las formas. Por ejemplo: "lo que se da en Su Nombre se manifiesta en la forma más útil posible en un mundo de formas. Esas son las formas que jamás pueden engañar, ya que proceden de la Amorfía Misma" (Libro de Ejercicios p. 378; LE-186.13:5-14:1).

He oído a algunos estudiantes del Curso decir que ya que las formas no tienen sentido, cualquier forma es tan buen aula como cualquier otra. Pero, tal y como podemos ver por las referencias anteriores, el Curso no opina de esa manera. Es cierto que las formas no tiene significado inherente. Pero el hecho es que, mientras creamos en un mundo de formas, algunas formas serán símbolos más efectivos que otros para un pensamiento concreto. Por ejemplo, abrazar a alguien es un mejor símbolo del amor que cortarle la cabeza con una motosierra. La Monna Lisa es un mejor símbolo de la belleza que un vómito en el suelo. Una sonrisa es un mejor símbolo de felicidad que un grito de terror… Ciertamente, el E.S. lo sabe. Él, de hecho, escribió un Curso que es una larga cuerda de formas cuidadosamente elegidas: las palabras. Él no puede creer que esas palabras sean verdaderamente significativas. Pero Él conoce el efecto que esas palabras harán en nuestras mentes.

3. Él nos proporciona los perfectos símbolos del sueño para ayudar a los demás. Este punto está muy relacionado con el anterior. Del mismo modo que no sabemos qué símbolos será las mejores herramientas de aprendizaje para nosotros mismos, tampoco sabemos cuáles son las mejores herramientas de aprendizaje para los otros.

Nuestra función en la tierra es facilitar el despertar de otros. Hacemos esto, por supuesto, mediante el perdón. Pero para que este perdón sea de la máxima efectividad, debe ser comunicado a la otra persona de la forma más apropiada posible. "Esto quiere decir que, para que un milagro sea lo más eficaz posible, tiene que ser expresado en un idioma que el que lo ha de recibir pueda entender sin miedo" (T-2.IV.5:3). Tal y como el Curso repite una y otra vez, no estamos en condiciones por nosotros mismos de saber qué idioma es ése, ni de saber qué símbolos del sueño cumunicará amor más efectivamente a la otra persona. Sencillamente, nosotros no tenemos la omnisciencia requerida para ello. Las referencias a esta idea en el material del Curso son demasiado numerosas para mencionarlas todas. Aquí hay una:

"Qué debería hacer yo por él, tu Santo Hijo> debería ser la única pregunta que hagas cuando la ayuda es necesaria y se busca el perdón. No necesitas juzgar la forma que toma la búsqueda. Y no te permitas ser tú quien establezca la forma en la que el perdón venga a salvar al Hijo de Dios… Él (el Cristo) conoce la necesidad; la pregunta y la respuesta. Él te dirá exactamente qué hacer, con palabras que puedas entender y que también puedas usar. No confundas Su función con la tuya. Él es la Respuesta. Tú eres el que oye" (Song of Prayer, 14; S-2.III.5).

El uso de los símbolos terrenales es tan crítico (importante) para nuestra función aquí que, incluso cuando nosotros mismos no creamos ya mucho en los símbolos, todavía necesitaremos utilizarlos para llegar a los otros:

"Sería en verdad extraño si se te pidiese que fueses más allá de todos los símbolos del mundo y los olvidaras para siempre y, al mismo tiempo, se te pidiese asumir una función docente. Tadavía tienes necesidad de utilizar los símbolos del mundo. Mas no te dejes engañar por ellos. No representan nada en absoluto, y éste será el pensamiento que en tus prácticas te liberará de ellos. Los símbolos no son sino medios a través de los cuales puedes comunicarte de manera que el mundo te pueda entender, pero reconoces que no son la unidad en la que puede hallarse la verdadera comunicación." (Libro de Ejercicios, p. 30; LE-184.9)

4. Solicitar Su ayuda es un abandono de la auto-suficiencia. El ego es, esencialmente, la idea de la auto-suficiencia, la idea de que existimos por nosotros mismos, auto-creados y auto-mantenidos. Este pensamiento se concreta en nuestra vida diaria cuando tomamos nuestras propias decisiones y cubrimos nuestras propias necesidades. Estamos actuando como creadores, haciendo el papel de Dios. Este intento de usurpar Su papel, por supuesto, da como resultado una enorme culpa y un enorme miedo. Esto es por lo que "la culpa es inevitable en aquellos que utilizan su juicio en su toma de decisiones" (Psicotherapy, p.14; p-2.VII.4:6). Por lo tanto, para abandonar el ego debemos desentrañar esa creencia interior de que estamos solos y podemos hacerlo solos. Debemos devolver a Dios a Su trono. Hacemos esto, en parte, dejando que Él decida por nosotros y cubra nuestras necesidades. El siguiente pasaje del Manual subraya bellamente el beneficio sanador de volvernos hacia el Espíritu Santo:

"… seguir las directrices del Espíritu Santo es permitirte a tí mismo quedar absuelto de toda culpa. Es la esencia de la Expiación. El núcleo central del programa de estudios. La imaginaria usurpación de funciones que no te corresponde es la causa del miedo. El mundo que ves refleja la ilusión de que has usurpado una función que no te corresponde, haciendo que el miedo sea algo inevitable. Devolver dicha función a Quien le corresponde es, por lo tanto, la manera de escapar del miedo. Y esto es lo que hace posible que el recuerdo del amor retorne a tí. No pienses, entonces, que necesitas seguir la dirección del Espíritu Santo sólo por razón de tus propias insuficiencias. Necesitas seguirlas porque es la manera de escapar del infierno" (Manual, p.77; M-29.3:3-11).

5. Él se cuidará de las cosas, liberando tiempo y energía para más altas actividades. Un símbolo terrenal que el Curso contempla como muy importante es el tiempo. El único propósito del Curso, de hecho, es ahorrarnos tiempo en volver a casa. Obviamente, si tenemos que gastar todo nuestro tiempo tratando de tomar decisiones y cubriendo nuestras necesidades físicas, tendremos entonces poco tiempo -y muy poca energía- para Dios. Más concretamente, esto significa que no tendremos tiempo ni energía para estudiar el Curso y hacer los ejercicios. Por lo tanto, una de las funciones del Espíritu Santo es cuidarse de esos detalles terrenales, liberando tanto tiempo como energía.

Jesús le dijo esto personalmente a Helen Schucman en términos inequívocos. Pero Él también nos lo dice en el Curso. De hecho, este es el sentido de aquel famoso párrafo sobre el Espíritu Santo "yendo delante de tí despejando el camino y no dejando escollos en los que puedas tropezar ni obstáculos que puedan obstruir tu camino" (T-20.IV.8:5). Lo que no comprenden la mayoría de los estudiantes del Curso es que es te inspirador párrafo es dado como una respuesta a la pregunta que abre el párrafo: "Tal vez te preguntes cómo vas a poder estar en paz si, mientras estés en el tiempo, aún queda tanto por hacer…" (T-20.IV.8:1). Como resultado, el significado del párrafo está contenido en la línea cercana al final: "No tienes que preocuparte por nada, sino, más bien, desentenderte de todo, salvo del único propósito que quieres alcanzar" (T-20.IV.8:8). En otras palabras, no necesitas preocuparte de asuntos terrenales, porque el Espíritu Santo se ocupa de todas esas trivialidades por nosotros. Esto te libera para dedicar tu tiempo y esfuerzo a lo que realmente cuenta.

Tal y como yo lo entiendo, el Curso está diciendo que el valor de la ayuda específica del Espíritu Santo realmente desciende al valor de las cosas, al valor de los símbolos. Creo que hay dos cosas básicas a tener en cuenta acerca de los símbolos: 1) Los símbolos no tienen absolutamente ningún sentido; 2) Los símbolos son efectivas herramientas de comunicación para las mentes que todavía creen en este sueño terrenal.

Empecemos con el punto 2. El Espíritu Santo sabe que nuestras mentes todavía ven un significado o contenido en las formas de este mundo. Y así utiliza Él esas formas para diseñar, ampliar y reforzar ciertos significados en nuestras mentes. Él los utiliza como símbolos del sueño. De hecho, Él utilizará cualesquiera símbolos terrenales de los que pueda echar mano. Se nos ha dicho que "El Espíritu Santo se vale de todos ellos" (Libro de Ejercicios, p. 371; LE-l.184.11:3) –"todos los nombres y símbolos nimios que caracterizan el mundo de la oscuridad" (Libro de Ejercicios, p. 371; l.184.11:1).

Los símbolos del sueño que Él envía simbolizan ante nuestra mente la idea de que Dios nos ama. También simbolizan una forma de pensamiento más elevado, una perspectiva sanada. De hecho, Él no sólo elegirá los símbolos que estimulen la corrección de la mente en nosotros, Él también nos hará saber de aquellos símbolos que alienten la corrección de la mente en otros, permitiéndonos, de ese modo, llegar a aquellos otros de forma más efectiva. Y el mero hecho de dejar que Él sea Quien elija los símbolos es un abandono de nuestros egos, una liberación del pensamiento de auto-suficiencia y, de este modo, un alivio de la culpa y el miedo. Es más, este acto de dejar que Él elija los símbolos del sueño nos libera de la laboriosa tarea de dirigir el sueño -dirigir nuestras vidas físicas-, concediéndonos más tiempo y energía para Dios.

Sin embargo, esta utilización de símbolos conlleva un peligro inherente, que nos lleva al punto 1): estos símbolos no tienen significado y son ilusorios en sí mismos. El peligro en la utilización de símbolos por parte del Espíritu Santo es que ésto reforzará nuestra creencia de que estos símbolos son reales, de que tienen poder real sobre nosotros y que de ellos depende nuestra compleción. Por ejemplo, cuando nos llega ese cheque inesperado por correo, el peligro está en que veamos ese cheque como algo de valor en sí mismo, en vez de ver un mero símbolo del sueño terrenal del verdadero Amor sin forma de Dios. Sin embargo, el Espíritu Santo es consciente de ese peligro y nos da esos símbolos de tal manera que nosotros entendamos que sólo son símbolos, no el objeto real.

"El Espíritu Santo no tiene, por lo tanto, ningún interés en las cosas que te proporciona. Lo único que le interesa es asegurarse de que no te valgas de ellas para prolongar tu esta día en el tiempo… Deja, por lo tanto, todas tus necesidades en Sus manos. El las colmará sin darles ninguna importancia. Lo que Él te provee no conlleva ningún riesgo…" (T-13.VII.12:7-13:3).

En otras palabras, si entendemos la intención del Espíritu Santo, permitiendo entonces que Él nos guíe, cubra nuestras necesidades y orqueste los símbolos del sueño en nuestra vida, no necesita reforzar nuestra creencia en la realidad del mundo o de nuestra particularidad (specialness). Por eso, cuando Wapnick dice que hacerle saber al Espíritu Santo nuestras necesidades es "el máximo de la particularidad (specialness)", yo no estoy totalmente de acuerdo, pues Su ayuda no tiene esa intención, por lo que no tenemos necesidad de interpretarlo así. Por lo tanto, Su ayuda no es necesariamente una bendición "mixta".

Al final, sin embargo, un símbolo es sólo un símbolo, una herramienta de comunicación es sólo una herramienta: "Recuerda, entonces, que ni el signo ni el símbolo se deben confundir con su fuente, pues deben representar algo distinto de ellos mismos" (T-19.IV(C).11:2). Esto es por lo que -tal y como el ala conservadora enfatiza- el foco en la ayuda específica del Espíritu Santo se aleja según vamos ascendiendo la escalera. Porque el objetivo de los símbolos es conducir, más allá de ellos mismos, al pensamiento que ellos simbolizan. Una vez que los símbolos han llevado a cabo ésto, ya no son necesarios. A pesar de todo, todavía, los símbolos tendrán algún valor para nosotros mientras permanezcamos en este mundo de símbolos. Por lo tanto, creo que el valor de la ayuda específica del Espíritu Santo no es solamente válido para el tiempo en el que creamos en un cruel Dios dualista. Es válido para todo el tiempo que dure nuestra estancia aquí. Sólo cuando partamos se nos quedará pequeño este valor.

Por otra parte, lo que se nos queda pequeño mucho antes de dejar el sueño es el centrarnos en los símbolos. Esto significa que ya no pediremos guía específica para resultados y posesiones externas. Eventualmente, comprendemos que no es ahí donde descansa nuestra felicidad, que lo que realmente queremos es la Fuente del símbolo, el Pensamiento tras él; que nuestro verdadero deseo es de Amor de Dios. Esto está expresado bellamente en The Song of Prayer:

"No puedes, por lo tanto, pedir el eco {la forma, el símbolo}. El regalo es la canción {del Amor de Dios}. Con ella vienen los tonos, la armonía, los ecos, … pero esto es secundario. En la verdadera oración tú sólo oyes la canción. Todo lo demás son meros añadidos. Tú has buscado en primer lugar el Reino de Dios, y todo lo demás se te ha dado por añadidura" (The Song of Prayer, p.2: S-1.I:3)

Según vamos ascendiendo por la escalera, los símbolos se van volviendo periféricos, incluso inconsecuentes. Todavía nos llegan (como deja bien claro el pasaje anterior). El Espíritu Santo todavía nos guía, cubre nuestras necesidades, nos dice cómo responder a las necesidades de otros, se cuida de las trivialidades por nosotros, va por delante limpiando el camino de obstáculos para nosotros, etc. De hecho, estas cosas suceden más a menudo que nunca, pues hemos dejado nuestras vidas más en Sus manos, habiendo abandonado el pensamiento de auto-suficiencia. Y Sus símbolos todavía tienen algún valor de refuerzo pues, después de todo, todavía vivimos en el mundo de los símbolos. Pero ya no nos preocupan tanto. No los pedimos, no nos ocupamos en ellos, y cuando vienen son tan naturales y esperados que casi pasan desapercibidos. Sólo son símbolos, simples ecos. Mientras tanto, todo en nosotros está centrado en una cosa, y sólo en una cosa: escuchar la canción, esa "abrumadora canción de honor y amor que Dios derrama sobre tí eternamente en amorosa alabanza de lo que tú eres" (T-24.II.4:5, 4). Y cuando nuestra absorción en esa canción es completa, salimos del mundo de los símbolos totalmente, "y desaparecemos en el Corazón de Dios" (Libro de Ejercicios. LE-pII.15.5:5).

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