Mi salvación procede de mí

by Allen Watson

Este artículo, basado en la lección 70 del Libro de Ejercicios para estudiantes, está tomado de las series en difusión de los comentarios diarios que Allen ha escrito para las lecciones del Libro de Ejercicios.

El mensaje de esta lección es en verdad una de las enseñanzas centrales del Curso. La culpa y la salvación están en mi propia mente y en ningún otro lado. "…la culpabilidad es sólo una invención de tu mente…" (1:5).

Es extremadamente tentador trasladar la culpa de mis problemas a algún lugar afuera de mí. Yo instintivamente rehuyo asumir la responsabilidad por cualquiera de mis problemas, y la idea que todos ellos están en mi mente y en ningún otro lado, parece devastadora. Sin embargo, consideremos las consecuencias de la alternativa vista: que la fuente de todos mis problemas y la fuente de toda culpa se encuentra fuera de mí. Si este fuera el caso, yo soy la víctima sin remedio de estas fuerzas exteriores. No puedo hacer nada respecto de ellas excepto vociferar y rabiar, arrojando improperios de culpa y pidiéndoles misericordia a poderes insensibles.

Sin embargo, si el problema se encuentra únicamente en mi propia mente, entonces soy capaz de hacer algo al respecto. En realidad, solamente yo puedo hacer algo acerca de ellos, y nada externo a mí puede evitar que lo haga. "No hay nada externo a mí que me pueda detener" (10:7). Estoy en control total; mi salvación procede de mí y sólo de mí. No dependo de nada externo a mí, y por lo tanto ya soy libre.

El "costo" de reconocer que mi salvación procede de mí y de ningún otro lado es que yo tengo que renunciar a cualquier idea acerca de que la "caballería" va a aparecer para rescatarme. Nada externo a ti puede salvarte ni nada externo a ti puede brindarte paz" (2:1). Nada ni nadie puede hacerlo por mí. Depende de mí. Mi enamorado no va a hacerlo por mí. Mi riqueza o posición no va a hacerlo por mí. Mi analista no va a hacerlo por mí, ni tampoco mi gurú. Ni siquiera Jesús lo va a hacer por mí. El Curso no lo va a hacer por mí. Cualquiera de ellos, o todos, me van a apoyar, ayudar, estimular; sin embargo, al final, mi salvación procederá de mí mismo, de lo que elija mi propia mente. "La idea de hoy te pone a cargo del universo, donde te corresponde estar por razón de lo que eres" (2:3). Impresionante y un poco aterrador. No quiero creer que yo tengo tanto poder, pero para empezar el no creerlo es lo que me causó este lío. Allí se origina mi enfermedad.

¡Buenas noticias! Dios quiere que estemos sanos y felices; y nosotros también. Por lo tanto, nuestra voluntad es una con la de Dios. Hemos estado eligiendo esta enfermedad pero en realidad no la queremos, porque nos hace infelices. Por ende, podemos estar de acuerdo con Dios y volver a elegir, elegir estar bien en lugar de enfermos.

En este ejercicio, nos imaginamos a nosotros mismos atravesando las nubes nuevamente hacia la luz. En la lección 69 las nubes representaban nuestros agravios; en la lección 70 ellas representan las cosas en las que hemos buscado salvación. "No puedes encontrarla (la salvación) en las nubes que rodean la luz, y es ahí donde la has estado buscando" (8:2). Curiosamente, los objetos de salvación y los agravios no son en realidad tan diferentes, un agravio contra un hermano es también una afirmación de que algo en ese hermano me está haciendo infeliz, lo cual también hace de él una fuente potencial de salvación: si él cambiara, yo sería feliz. Ver la salvación como externa a mí, o ver un agravio, son ambos medios a través de los cuales cedo mi poder y niego mi exclusiva responsabilidad por ese universo de mi mente.

En el ejercicio de atravesar las nubes, se nos dice "Si te resulta útil, piensa que te estoy llevando de la mano, y que te estoy guiando. Y te aseguro que esto no será una vana fantasía" (9:3). Para algunos de nosotros, será de ayuda imaginarnos que Jesús nos toma de la mano y que nos guía a través de las nubes. Para otros, la representación será más desconcertante que útil; quizás, haga falta una sanación en nuestra relación con él antes de que esa imagen nos sea atractiva . En mi caso encuentro que me es sumamente útil visualizar a alguien que ya ha estado allí y haya vuelto, y que esté deseoso de guiarme. No puede hacerlo por mí, pero sin duda puede ayudar.

Algunas veces pienso que Jesús es simplemente la parte de mi mente que ya se ha despertado. Y que él es parte mía, al igual que lo es de ti, y de todos. Él no es un ser divino impresionante al cual no puedo esperar parecerme. Él es yo, recordando. Él es yo, despierto. Tomar su mano es identificarme con el Cristo en mi.

¡Hoy ve en busca de la luz!

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