La Visión Social de un Curso de Milagros

by Robert Perry

Si el título de este artículo les parece incongruente, estoy seguro de que no son los únicos con ese parecer. Quienes están familiarizados con Un Curso de Milagros no suelen pensar en términos de su visión social. ¿Acaso no nos impulsa el Curso a "no tratar de cambiar el mundo" (T-21.In.1:7)? ¿No es nuestra única responsabilidad el aceptar la Expiación para nosotros (T-2.V.5:1)? ¿No trata el Curso estrictamente acerca de cómo percibimos al mundo en nuestras propias mentes?

Durante años, hemos estado argumentando en el Círculo que el Curso tiene una profunda relación con nuestro papel en el mejoramiento del mundo, y que hasta nos ve desempeñando esta función a través del "ajetreo de cualquier actividad" (T-18.VII.8:3). Recientemente le encontré una nueva dimensión a esto. Existe un número de imágenes en el Curso que uno podría llamar situaciones sociales ideales. Generalmente son altamente simbólicas: representan templos, cielos, jardines, y casas con tesoros. Obviamente no deben ser interpretadas al pie de la letra, si bien describen situaciones colectivas. Nos sitúan en relación con el más amplio espectro de la sociedad. Y ese elemento – estoy convencido – debe ser tomado literalmente.

Algo que encuentro fascinante sobre estas imágenes es que parecen diferentes tomas de una misma plantilla. Una imagen particular del Curso, por ejemplo, la imagen del círculo de la Expiación (T-14.V.6-11) sólo captará ciertos aspectos de esta plantilla. Pero una vez que se empiezan a colocar estas varias imágenes una al lado de la otra, se identifican temas que se repiten una y otra vez, y entonces, se ve su sucesión en orden lógico. Y es este grupo de temas en orden lógico la plantilla a la que me refiero. He aquí los elementos de esa plantilla, en orden:

1. El desierto: El mundo como un lugar falto de amor.

2. El milagro: La mente de alguien cambia y entra el amor verdadero.

3. Se establece el oasis: Este amor establece un lugar diferente.

4. Vienen los Invitados: Dios y Cristo entran con sanación y santidad.

5. Todos están invitados: Todos los que deambulaban solos y sin rumbo son invitados a entrar para encontrar la sanación.

6. Quienes llegan traen regalos: Quienes son sanados por el oasis le traen bendiciones.

7. El oasis se extiende y abarca el mundo.

Una vez que se reconoce y se entiende esta plantilla, uno se da cuenta que el autor diseñó cada imagen como una variante de la figura general, que podría describirse justamente como utópica. Observemos ahora cada aspecto de esta figura más detalladamente:

1. EL DESIERTO

Esta plantilla comienza con una imagen del mundo tal cual es. Una imagen favorita en el Curso para esto es la de un desierto (T-18.VIII.8-10, T-20.III.9:3, T-20.VI.11:3-5, T-26.IX.3, L-pII.13:5); un sitio falto de vida, en donde individuos aislados deambulan en el suelo polvoriento, perdidos y solos, extraños entre sí, sin hogar, débiles, hambrientos, vanamente en búsqueda de un agua que no pueden encontrar, y finalmente mueren totalmente solos. Es una imagen caracterizada por el vacío: vacío de vida, de vitalidad, de esperanza, de alimento, de dirección y de compañía.

Podemos entender rápidamente esta imagen como literal. De hecho, ocasionalmente escuchamos acerca de gente que se pierde en el desierto y muere buscando agua y ayuda. Sin embargo, el Curso pretende que esta sea una imagen simbólica que describe al mundo entero, no externa sino internamente. A nivel mental/emocional, este mundo es un desierto. Está seco del amor y la alegría que nos nutren y sostienen internamente. En lo externo, vamos y venimos con grandes metas, uniéndonos con otros para proyectos conjuntos de hogar y negocios. Sin embargo, en lo interno somos caminantes perdidos, buscando sin rumbo aquella agua de vida quién sabe dónde, y sintiéndonos profundamente solos en nuestros corazones. En otras palabras, de la misma forma en que un desierto es un lugar desolado en el ámbito físico, el mundo entero está desolado en el ámbito interno e interpersonal.

El siguiente pasaje habla más literalmente acerca de la condición que simboliza la imagen del desierto. De hecho, contiene la idea a la que me refiero: que, mientras en lo externo tenemos hogar y compañía, en lo interno nos sentimos solos y sin hogar:

Y así, vagan por un mundo de extraños, distintos de ellos, viviendo tal vez con los cuerpos de esos extraños bajo un mismo techo que a ninguno de ellos da cobijo; en la misma habitación y, sin embargo, a todo un mundo de distancia. (T-22.In.2:8)

2. EL MILAGRO

El desierto del mundo se produce por un elemento crucial que aún no he mencionado: el odio. Esto se hace explícito en la sección "Pues Ellos han llegado" (T-26.IX), que habla de un "viejo odio" (T-26.IX.2:3, 3:8) que se ha instalado entre tú y tu hermano desde tiempo inmemorial. Este odio coloca una sombra, un espacio, una brecha (aún "una llameante espada de muerte," T-24.III.4:7) entre ustedes dos. Hablando en forma figurada, es como un sol inclemente que convierte la tierra en un desierto; oímos acerca del "terreno yermo que el odio había calcinado y dejado estéril" (T-26.IX.3:5).

A este desierto entra algo que lo cambiará todo eventualmente: el milagro. El milagro ocurre cuando, en medio del odio ancestral, alguien elige perdonar. Si el odio es lo que hace del mundo un desierto, ¿qué pasa cuando el odio se aparta? El Curso responde esta pregunta con bellas imágenes de una naturaleza vuelta a nacer:

La sangre del odio desaparece permitiendo así que la hierba vuelva a crecer con fresco verdor, y que la blancura de todas las flores resplandezca bajo el cálido sol de verano (T-26.IX.3:1)

Los milagros son como gotas de lluvia regeneradora que caen del Cielo sobre un mundo árido y polvoriento, al cual criaturas hambrientas y sedientas vienen a morir. Ahora tienen agua. Ahora el mundo está lleno de verdor. Y brotan por doquier señales de vida. (L-pII.13.5:1-4)

La sección "El lugar que el pecado dejó vacante" (T-26.IV) contiene una poderosa imagen acerca del reemplazo del odio por parte del milagro y del renacimiento del mundo. La imagen comienza con dos personas separadas porque cada una de ellas percibe a la otra como pecadora y maligna. Esta percepción de pecado las separa, como una fuerza invisible que las hace repelerse. Entonces, una de ellas perdona, y este perdón es retornado por la otra. El espacio entre ellas se convierte ahora en "el lugar que el pecado ha dejado vacante". Ahora no hay nada que los separe, nada que detenga su impulso natural a unirse. Y ãSe funden en el espacio que el pecado dejó vacante" (T-26.IV.2:6).

Con este milagro, renace el mundo. "El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de gloria, maravilloso de ver. Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo" (T-26.IV.2:1-2). Es más, el espacio que el pecado ha dejado vacante se convierte en santo lugar (T-26.IV.3:1), en el que un altar se erige y se eleva muy por encima del mundo para alcanzar a Dios.

Este milagro establece los cimientos para lo que llamo la visión social del Curso. El milagro a veces se representa como teniendo lugar dentro de una sola mente que elige perdonar y ser sanada. En otras ocasiones, es una sanación, una unión entre dos personas. Hablaré acerca de ambos casos más adelante. De cualquier forma, alguien ha elegido soltar el odio, el odio enfermizo que ha calcinado la tierra y la ha convertido en desierto. Esta sola elección pone en movimiento todo lo que sigue.

3. SE ESTABLECE EL OASIS

El milagro, al ser una reversión del odio que causó el desierto, termina estableciendo un lugar especial sobre la faz de la tierra, un oasis en el que todas las duras condiciones del desierto han sido cambiadas. "El desierto se convierte en un jardín lleno de verdor, fértil y plácido" (T-18.VIII.9:3). Hay muchos aspectos de este concepto general. En un mundo de gente perdida y debilitada por una búsqueda sin fin, este oasis es un lugar de descanso (el descanso es, de hecho, un tema relevante en casi todas las imágenes que exploraremos). En un mundo de extraños, este es un lugar de unión verdadera, en donde los antiguos enemigos se han convertido en dilectos amigos. En un mundo en donde nadie parece experimentar una pertenencia real, este es un hogar tibio y acogedor (ver L-pI.159.7). En un mundo de gente internamente hambrienta, este lugar brinda una fiesta continua de abundancia, en donde "cuanto más reciba cada uno, más habrá para ser compartido por todos los demás" (T-28.III.9:2). Y en un mundo profano y sin Dios, este es ahora santo lugar, hecho santo no por imposiciones, vórtices o viejas iglesias, sino por el triunfo sobre el miedo: "El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente" (T-26.IX.6:1). En este santo lugar el Curso ve que surgen altares (ver L-pI.183.5:4; T-26.IV.3:4; L-pII.2.3:4) y se edifican templos: "Vuestra relación es ahora un templo de curación; un lugar donde todos los que están fatigados pueden venir a descansar" (T-19.III.11:3).

Esta cita final nos indica a qué se refieren estas imágenes realmente. Obviamente, no debemos tomarlas literalmente e imaginar que al perdonar a alguien, aparecerán instantáneamente flores de la tierra a nuestro alrededor y altares de tierra surgirán entre nosotros. La cita de arriba significa que el templo no es un lugar físico. Es la relación entre dos personas que han perdonado. Alternativamente, puede ser una sola persona. Otro pasaje dice que aquél que libera su mente de aquello que se opone a Dios "se convierte en un refugio donde los que están cansados pueden hallar descanso" (L-pI.137.11:3).

No tenemos que pensar mucho para entender lo que esto significa. Cuando se está en presencia de una persona verdaderamente amorosa y apacible, es fácil sentir que se ha encontrado un oasis en el desierto, como si se hubiera llegado a casa y finalmente se pudiese descansar. El estudioso contemporáneo de Jesús, Marcus Borg, señala acerca de este mismo fenómeno básico:

La impresión es clara: estar en la presencia de Jesús fue una jubilosa experiencia. Esta experiencia de alegría en la presencia de una figura religiosa notable tiene paralelos en otros tiempos y sitios. A la vez dentro y más allá de la tradición cristiana, se habla de una "presencia" o "zona" alrededor de un santo que es virtualmente palpable, que se puede "sentir". Simplemente estar en la presencia de tal persona afecta la realidad de la cual él o ella habla….Estar en la presencia de Jesús fue experimentado como estar en la presencia del Espíritu que fluía a través de él. (Jesús: Una Nueva Visión. New York: HarperCollins, 1987, p. 129)

Borg añade el siguiente comentario en una nota final:

Dentro de la tradición budista, se habla de un "campo de Buda" que podía ser sentido no sólo alrededor de Buda, sino también alrededor de otros iluminados que le seguían. Dentro de la tradición cristiana una "zona" similar se sentía alrededor de San Francisco, al igual que alrededor de otros. (p.144)

En cuanto a la mención de jardines en el desierto y paraísos de descanso, el Curso, estoy seguro, habla simbólicamente del mismo fenómeno. La única diferencia es que también enfatiza este fenómeno en relación con dos personas que se han salido de sus egos para lograr una unión auténtica. Estar en presencia de tales personas sería entrar en la misma "zona" que se experimenta alrededor de un santo.

4. LLEGAN LOS INVITADOS

Esta noción de un campo de santidad tiene como eco uno de los rasgos principales de estas imágenes del Curso. El rasgo podría llamarse la llegada de los Invitados. Los Invitados son Dios y Su Hijo, el Cristo, el verdadero Yo de todas las personas y de todo lo viviente.

Este rasgo, por lógica, debería tal vez ser anterior; puesto que el milagro que transforma el desierto y establece el templo es la llegada misma de los Invitados. El milagro es atraído por nuestra elección de renunciar al odio, pero esta elección no es el milagro. Es simplemente una invitación a los Invitados a venir y a morar con nosotros. Su venida es lo que convierte la tierra que pisamos en santo lugar. Su llegada es lo que convierte al desierto en un jardín. Son Quienes proveen la abundancia infinita del festín magnífico. Y llegan tan pronto como se Les da la bienvenida, que es siempre cuando elegimos perdonar a nuestro hermano en vez de odiarlo. Para entender la importancia atribuida a Su llegada, se podría leer "Pues Ellos han llegado" (T-26.IX), que presenta este tema y es una de las secciones más poéticas y conmovedoras de todo el Curso.

Su Presencia, en otras palabras, es la "zona" que el Curso describe como un jardín, un templo, un refugio, un hogar, en el que agotados viajeros pueden descansar finalmente y ser sanados de todos aquellos años deambulando bajo el reflejo calcinante del odio.

5. TODOS ESTÁN INVITADOS

Todos queremos encontrar un lugar diferente al resto del mundo, un sitio de donde estén ausentes la locura, la crueldad y la escasez habituales. Todos buscamos cobijo de la tormenta. Sin embargo, cuando encontramos el oasis que buscamos, ¿qué hacemos de inmediato? Una lista de quienes son y una de quienes no son bienvenidos. Estas dos listas son varias, realmente. Primero, están quienes viven allí. Luego, quienes no viven allí pero son tan bienvenidos que no tienen que tocar a la puerta. Luego están aquellos que pueden aparecer cuando quieran, pero deben sin embargo tocar. Luego quienes deben hacer una cita previa; y luego los que ni siquiera deberían intentar pedir cita sin una razón extraordinaria – hasta aquellos que nos harían llamar a la policía si pisan nuestro patio.

Esto es básico en cuanto a la naturaleza de nuestros hogares, clubes, sociedades y asociaciones. Nos congregamos con quienes se nos parecen y quienes sirven a nuestros intereses, y excluimos al resto. Las agrupaciones humanas se definen por quienes excluyen. Después de todo, si dejamos que cualquiera y todos entren, entonces el propósito esencial de nuestro enclave se destruirá. ¿Cómo puede ser un refugio de la tormenta si dejamos que entre la tormenta? La naturaleza misma de un enclave seguro es que mantiene fuera al mundo peligroso.

Si bien el excluir a nuestros hermanos es un acto de odio, al excluirlos, en vez de aislarnos de la tormenta, traemos su esencia a nuestras mentes. Las mismas murallas que edificamos para mantener fuera a la tormenta están hechas de sus oscuras nubes. El oasis que creemos haber creado es simplemente una ilusión, que nos permite retraernos hacia fantasías y en sueños olvidar que aún estamos perdidos en el desierto, muriendo lentamente bajo su sol inclemente.

El oasis a que se refiere el Curso es un sitio completamente diferente, puesto que una vez que se establece este lugar, invita a todos literalmente. No hay jerarquía de bienvenida. No hay sistema de castas de la elite y los intocables. Una y otra vez se nos dice que todos son bienvenidos, puesto que tal es la naturaleza del amor, y es de amor que está hecho este oasis.

5a. Imágenes específicas

"Todos son bienvenidos" se dice fácil, pero es realmente muy difícil de asimilar. Está tan completamente fuera de nuestra programación cultural que, cuando lo escuchamos, casi no es computable. Puede sonar demasiado fácil a palabras vacías. Para ayudarnos a apreciar este rasgo, permítanme recorrer las diversas imágenes de "visión social" del Curso y resumirlas, a la vez que resalto este aspecto de bienvenida general.

El pequeño jardín

"El Pequeño Jardín" (T-18.VIII) es una de las imágenes más queridas del Curso (y de hecho la única de las que exploraré que contiene la plantilla completa). Comienza por pintarnos como el amargado gobernante de un pequeño reinado, un trozo de desierto carente de valor. Al ver cuán poco tenemos, el Curso dice, ¿no deberíamos apelar al amor para entrar y transformar a nuestro pequeño reino (T-18.VIII.8:4-5)? Apenas entra el amor, "El desierto se convierte en un jardín lleno de verdor, fértil y plácido, ofreciendo descanso a todos los que se han extraviado y vagan en el polvo" (T-18.VIII.9:3). No nos contentamos con abrir simplemente nuestro jardín a estos perdidos; salimos y peinamos el desierto buscándolos y, una vez que los encontramos, los guiamos amorosamente de regreso a nuestro jardín (T-18.VIII.10:1-2).

El círculo de la Expiación

"El Círculo de la Expiación" (T-14.V) presenta una imagen similar. El círculo es un lugar en donde todos se unen en la meta de liberar al mundo de culpabilidad, y unidos en la vivencia del poder de Dios, que abarca a todos en "la seguridad que ofrece su regazo de amor y unión" (T-14.V.8:5). Este círculo no es un lugar físico sino mental, habitado por gente que, físicamente, está esparcida en el mundo. Los miembros de este círculo son todos los que se han reconciliado con Dios, todos los mensajeros de Dios en este mundo. Ya que este círculo incluye a los gigantes espirituales de este mundo, uno debería esperar que fuera un círculo selecto que negara el acceso a gente normal como nosotros. Aún así, de hecho, todos están ya dentro del círculo; todos están reconciliados con Dios. Quienes se sienten fuera, creenerróneamente no ser dignos de entrar. Es entonces la tarea de quienes se saben dentro, el alcanzar a todos aquellos que creen haber sido "no deja a nadie afuera solo, sufriendo el dolor de la culpabilidad" (T-14.V.8:4), y atraerlos. Es el trabajo de los mensajeros de Dios el llamar a todos, sin importar cuán pecadora parezca la persona, y darle el mensaje: "Eres libre de culpa. Ven al círculo, a donde perteneces."

La fiesta de la comunión

En "Los Obstáculos para la Paz" existe una bella imagen de un festín (T-19.IV(A).16). El amor ha preparado esta fiesta para nosotros para honrar nuestra relación santa con otra persona. Tiene lugar "en un plácido jardín donde sólo se oye un cántico angelical y un suave y feliz murmullo." (T-19.IV(A).16:1) Se presenta en una mesa que es a la vez un altar – "la mesa de comunión" (T-19.IV(A).16:3) Este festín es en un lugar tan sagrado, en una mesa tan santa, que se podría imaginar que sólo los más especiales serían invitados. Nos sorprendemos, entonces, al leer que "todo el mundo es un invitado de honor" (T-19.IV(A).16:2) – no sólo bienvenido, sino como invitado de honor. Todo el mundo. Finalmente, siguiendo con el tema de la llegada de los Invitados, Jesús dice, " Yo me uniré a vosotros ahí, tal como lo prometí hace mucho tiempo y como todavía lo sigo prometiendo" (T-19.IV(A).16:4). ¿Por qué se nos unirá? Porque ha cesado la exclusión en nuestra nueva relación (T-19.IV(A).16:2). Al dejar de excluir a un hermano, extendemos una invitación a Jesús, que él ha estado esperando recibir por dos mil años.

El centro de redención

La lección 159 contiene una notable imagen de una nueva clase de hogar. "Lo que estaba destinado a ser la morada del pecado se convierte ahora en el centro de la redención y en el hogar de la misericordia, donde se cura a todos los que sufren y donde se les da la bienvenida" (L-pI.159.7:3). A todos los que sufren se les pide que vengan porque es aquí en donde encontrarán la salvación (L-pI.159.7:4). Al llegar, encuentran que nadie es un extraño (L-pI.159.7:5), y que el único regalo que se les pide es que acepten su bienvenida (L-pI.159.7:6). Esto atenta de tal forma contra nuestro concepto de un hogar (cuya noción misma es que cierta gente pertenece allí y otra no) que quiero dedicarle algún tiempo a describir esto.

Imagínate avanzando hacia la puerta de la mansión más hermosa y espaciosa que jamás hayan visto. Al tocar a la puerta, el propio dueño de casa responde y te pregunta: "¿Estás sufriendo?" Si contestas "sí", te dice "Entonces entre por favor, puesto que aquí encontrarás lo que buscas. Probablemente jamás hayas conocido a quienes están dentro, pero pronto te darás cuenta de que no hay extraños aquí. Para entrar, sólo te pedimos un regalo: Que nos hagas el honor de aceptarnos tu bienvenida."

El templo de la sanación

Una profunda relación entre dos personas es generalmente algo muy privado. Al igual que un hogar, es algo que los dos comparten, algo a lo que los otros realmente no son invitados. En la visión del Curso, sin embargo, si ha de ser genuina la unión de dos personas, sus cimientos deben ser el principio de la unión en sí. Y si alguien se excluye, ese basamento no puede ser la unión. Una relación santa totalmente realizada, entonces, se convertiría necesariamente en "un templo de curación; un lugar donde todos los que están fatigados pueden venir a descansar" (T-19.III.11:3). Nota que son "todos los que están fatigados". Ustedes dos han encontrado tal alegría en la no-exclusión de cada uno, que quieren incrementarla incluyendo a todos. Su único deseo es atraer a todos a la "zona" de su unión, para que puedan también vivir por sí mismos la deleitable plenitud y el sentido de hogar que ustedes dos han sentido. Y al igual que con el pequeño jardín, ustedes dos no sólo abren de par en par las puertas a todo hermano que necesite curación; en vez de esperar a que llegue a su templo, salen y lo llaman (T-19.IV.1:8). "Y vosotros lo albergaréis y le daréis descanso tal como se os dio a vosotros" (T-19.IV.1:9).

De forma interesante, hay una imagen similar de templo en otro sitio del Curso. Esta dice. "Abre las puertas del templo y deja que tus hermanos distantes y tus amigos más íntimos vengan desde los más remotos lugares del mundo, así como desde los más cercanos; invítalos a todos a entrar y a descansar contigo" (L-pI.109.8:3). Esta imagen capta lo que el Curso dice acerca de nuestras vidas: Nuestras vidas deben ser templos, cuyas puertas están abiertas de par en par tanto a nuestros más " hermanos distantes " como a nuestros "amigos más íntimos".

El festín de la abundancia

Una de las más complejas de estas imágenes es la que llamo "el festín de la abundancia" (T-28.III.8-7). Esta imagen se basa en la noción de una casa del tesoro o almacén, que el diccionario Merriam-Webster define simplemente como "un edificio en donde se guarda un tesoro." Una casa del tesoro, por supuesto, es un lugar en donde colocas tus objetos más valiosos y en donde quieres una puerta sólida con una fuerte cerradura. La finalidad es guardar tus tesoros en donde no te los puedan robar.

Pero ¿qué deberíamos guardar? El Curso nos describe como tontos que hemos guardado el tesoro equivocado: "quienes confundieron el brillo de una piedrecilla con oro y almacenaron un puñado de nieve reluciente creyendo que era plata" (T-28.III.7:2). Pensamos que somos hombres ricos con montones de oro y plata en nuestro depósito, y en realidad lo único que tenemos son algunas piedrecillas mojadas. Esta es una metáfora para todos los tesoros del mundo (incluyendo el oro y la plata), que parecen tan valiosos pero terminan careciendo de valor puesto que no dan verdadera felicidad.

¿Qué deberíamos valorar entonces? "Considera, entonces, los plateados milagros y los dorados sueños de felicidad como los únicos tesoros que quieres conservar dentro del almacén del mundo" (T-28.III.7:1). Esta es la única clase de plata y oro que merece ser valorada, estos cambios de percepción en los que un viejo odio se convierte en un amor presente. Cuando soltamos el odio, el espacio que nos separó es reemplazado por la unión. "Y allí donde la diminuta brecha parecía interponerse entre tú y tu hermano, únete a él" (T-28.III.8:2). Este milagro de unión invita entonces a Dios y a Cristo a venir a nuestra casa del tesoro como Invitados nuestros, y a traer con ellos ilimitados dones.

Cuando sabemos que somos los únicos que tenemos un verdadero tesoro en nuestro almacén (el tesoro de los milagros), ¿qué hacemos? Algo que desafía todo pensamiento normal acerca de casas del tesoro: Abrimos la puerta de par en par e invitamos a todos nuestros hermanos hambrientos (los que están desvalidos porque guardaron las piedrecillas y la nieve) a un inolvidable festín (ver T-28.III.7:2 y 8:7). Una vez que entran, encuentran que "El Amor ha desplegado su mesa en el espacio" (T-28.III.9:8) que antes ocupaba nuestro odio. En esta mesa, nuestros hermanos comparten con nosotros y con nuestros Invitados un milagroso festín en el que (como cité anteriormente) "cuanto más reciba cada uno, más habrá para ser compartido por todos los demás" (T-28.III.9:2). En vez de terminarse, la abundancia de este festín simplemente crece más y más a medida que el festín continúa, año tras año. " Aquí los años de escasez no se presentarán, ya que el tiempo no forma parte de este festín, pues es eterno" (T-28.III.9:7).

Esta es, por supuesto, una imagen altamente estilizada, pero a un nivel más literal su significado probablemente esté claro ahora: Algo extraordinario sucede alrededor de una persona que ha reconocido el poder milagroso del amor (o alrededor de dos personas así). La gente es atraída a tal persona, como los hambrientos a un festín. Pero aquí, el quot;alimento" es simplemente su amor, que no se agota, sino que crece en abundancia a medida que se comparte. En presencia de esta persona, cosas no convencionales pueden suceder. La gente se sentirá curada del vacío que los ha consumido toda su vida. Será amorosamente bienvenida la gente que en otros círculos sociales habría sido excluida. Y el anfitrión de este festín se comportará de forma radicalmente inconvencional, desafiando las reglas normales que gobiernan la riqueza y las posesiones, a medida que su amor se expresa generosamente en forma tangible.

5b. Puertas abiertas y sin extraños

Ahora que hemos revisado estas diversas imágenes de bienvenida todo-abarcadora, quisiera extenderme sólo un poco más en este aspecto. El Curso dice que en este oasis nadie es considerado como un extraño. Esto refleja el tema que recorre el Curso de que debemos ver más allá de la apariencia de que alguien es un extraño, pues verdaderamente no existe tal cosa. Intenta no tratar a nadie que llegue a tu puerta como a un extraño, sino en vez de ello dale la bienvenida a todo el mundo como si fuera tu más querido y antiguo amigo (ver T-20.II.5:5). Es más, imagina que quienes llegan y reciben tu bienvenida no sólo son carteros bien presentados y niñas scouts, sino indeseables sociales en seria necesidad. Después de todo, ¿de qué sirve un oasis si sólo está disponible para aquellos que placen a nuestros egos? ¿No debería ser todo su propósito el alcanzar a aquellos que están necesitados? Cuando el Curso menciona a aquellos a quienes deberíamos alcanzar, los que están en la lista son siempre los necesitados. He aquí algunas de tales listas:

Los desesperados(CIR 1)…los tristes y los compungidos, los solitarios y amedrentados…los moribundos y los muertos. (L-pI.124.5:2-3)

Los desolados, solitarios y con miedo…los que sufren dolor, o pena por pérdida, o se sienten privados de esperanza y felicidad. (L-pII.245.1:4-5)

Los enfermos, los débiles, los necesitados y temerosos, y aquellos en duelo por lo que parece una pérdida o sienten un aparente dolor, los que sufren de frío o hambre, o los que caminan por el camino del odio y la senda de la muerte. (L-pI.195.5:2)

Esta es la gente que se supone debemos invitar a nuestro santuario de sanación. Si tomamos aquellas características mencionadas dos veces o más en los pasajes anteriores, tenemos: los solitarios, los temerosos, los que sufren dolor y los que están en duelo (o lloran) una pérdida. Si decantamos más aún, tenemos simplemente: los necesitados. Para apreciar esta idea, imagínate trabajando durante años para construir un santuario bellísimo, para cultivar un jardín exquisito en el desierto o para guardar un tesoro en una caja fuerte inviolable, y entonces, una vez que has terminado finalmente, colocas este letrero: "Bienvenidos todos los que se sienten solos, temerosos, tristes y con dolor. Entren aquí y encuentren descanso."

Otro aspecto de esta bienvenida todo-abarcadora es la imagen de puertas abiertas. Este símbolo se repite a través del Curso (36 veces en mi cuenta). Lo hemos visto, por ejemplo, en el festín de la abundancia (T-28.III.7-9), que describía nuestra casa del tesoro con sus puertas abiertas de par en par para dar la bienvenida a nuestros hambrientos hermanos. De forma interesante, la imagen de la casa del tesoro se repite muchas veces en el Curso, y se describe a menudo cono el tener las puertas abiertas. Por ejemplo, "Aquí las puertas no se cierran nunca, y a nadie se le niega la más mínima petición ni su necesidad más apremiante" (L-pI.159.6:4). ¡Sólo piensa en cuán incongruente es tener una casa del tesoro con puertas siempre abiertas! Esto es más extraño aún si aquellas puertas se abren con el propósito expreso de llenar "el menor pedido o la más urgente necesidad" de todos. Pero bien sea en relación con un almacén, un hogar o un templo, la imagen de puertas abiertas es una afirmación poderosa cuyo significado se comprende universalmente.

Aún otro aspecto de esta bienvenida imparcial se capta en la Lección 155, que dice que en lo externo deberíamos tratar de vernos como todos los demás (L-pI.155.5:3). En otras palabras, no deberíamos ser renunciantes (L-pI.155.4:2-3) con vestimenta especial y estilos de vida que nos separan del resto de la cultura. ¿Por qué? Porque mientras más sienten los demás que somos como ellos, más verán la relevancia para ellos de lo que hemos aprendido (L-pI.155.5:4-6:1). Si nos vemos exactamente como ellos y hemos encontrado la paz en el perdón, entonces ellos probablemente sospechen que también ellos pueden hacerlo.

Esta es, en mi mente, otra forma del concepto de puertas abiertas que acabamos de tratar. Para decirlo más llanamente, ¿a qué templo te sentirías más bienvenido: a uno lleno de un grupo gente especial con vestimenta diferente y estilo de vida de extrema pureza ritual, o uno lleno de gente que, por toda apariencia exterior, es tal como tú? En este sentido, las reglas que gobiernan un estilo de vida estrictamente religioso construyen una cerca que no sólo mantiene fuera diversos "pecados", sino que también mantiene fuera a la propia gente que podría ser ayudada. La fuerte barrera entre "nosotros" y "ellos" en muchas comunidades religiosas se supone que "nos" debe proteger de la influencia diluyente y corruptora de "ellos". Pero, ¿qué pasaría si el hecho mismo de invitarlos a entrar es la forma de hacer real nuestra pureza, de protegernos contra la corrupción? Ese es el tópico de nuestra próxima categoría.

6. LOS QUE LLEGAN TRAEN REGALOS

Se puede tener fácilmente la impresión de una sutil desigualdad entre quienes establecen el oasis y los invitados a este. Si, por ejemplo, fueras tú quien estableciera el oasis, es posible que estuvieras tentado a mirar a tus invitados y pensar "No los necesito a ustedes pero ustedes definitivamente me necesitan a mí." El Curso se esfuerza en corregir esta suposición. Veamos cómo trabaja esta corrección en tres de las imágenes.

La Lección 344 contiene aún otro retrato de la casa del tesoro. Comienza diciendo que, si estoy guardando tesoros sólo para mí, cuando vaya a revisar mi almacén encontraré un cuarto vacío (L-pII.344.1:2-3). Luego dice esto:

Aún aquél a quien perdone, me dará regalos más allá del valor de cualquier cosa sobre la tierra. Que los hermanos a quienes he perdonado llenan mi almacén con los tesoros del Cielo, que son los únicos reales. (L-pII.344.1:6-7)

Entonces, los hermanos hambrientos que invito a mi almacén son descritos como trayendo tesoros con ellos. Pero ¿cuán exactamente traen tesoros mis hermanos atacados por la pobreza? ¿Cómo pueden traer regalos quienes no tienen nada? La imagen siguiente ayudará a aclarar esto.

El círculo de la Expiación (T-14.V), si recuerdas, era el círculo mental habitado por todos aquellos que se unían en la meta de la salvación, en cualquier tradición espiritual. Todos en el círculo están unidos en el sentirse puros e inocentes. Libres de toda culpa, se yerguen en la Presencia del Santo mismo. Desde este lugar llaman a todos los que parecen estar fuera del círculo con el mensaje "Eres libre de culpa. Ven al círculo." Lo hacen tanto por sí mismos como por quienes son bienvenidos por ellos. Pues es sólo a través del acto de traer a otros, que quienes están en el círculo se convencen verdaderamente de que ellos mismos están dentro (T-14.V.2-7). ¿Por qué? El darte cuenta de que estás dentro del círculo quiere decir que te das cuenta de tu inocencia innata. Y, ¿cómo puedes sentirte verdaderamente inocente mientras señalas con tu dedo a otros, condenándolos? ¿Cómo puedes sentirte libre de culpa mientras te niegas a ayudar a tus hermanos necesitados? ¿Cómo puedes sentirte santo si, apenas entras, les cierras las puertas del Cielo a los que han quedado fuera? Por otro lado, ¿cómo puedes fracasar en sentirte inocente cuando estiras tu mano para alcanzar a todos tus hermanos en una bienvenida sin restricciones?

Tus hermanos perdonados se convierten, entonces, en símbolos vivientes de tu inocencia. Se convierten en la afirmación de que perteneces al círculo. Esto, de hecho, es el tesoro que llevan a tu almacén. Pues ellos ven tu santidad más clara y agradecidamente que tú. Cuando atraes a alguien al círculo, rescatándolo de una lenta muerte afuera, él es quien sabe el verdadero valor de tu asistencia, el verdadero poder de tu santidad, mucho más que tú. La mirada en su rostro te dice que ve en ti mucho más de lo que ves tú. Entonces, se convierte en tu salvador en la misma forma en que tú lo fuiste para él: Õl te convence de tu santidad al creer en ella más plenamente que tú. En un sentido muy real, entonces, necesitas de él tanto como él te necesita.

7. EL OASIS SE EXTIENDE Y ABARCA AL MUNDO

No se supone que el jardín permanezca como un oasis. Un oasis, por definición, es un área fértil dentro de una región mayor, árida. Este jardín se supone debe expandirse hasta que reemplace al desierto enteramente:

Entran uno por uno a este lugar santo, pero no saldrán como entraron, solos. El amor que trajeron permanecerá con ellos, tal como permanecerá contigo. Y bajo su benéfica influencia tu pequeño jardín se expandirá y alcanzará a todo aquel sediento de agua viva, pero demasiado débil para continuar solo… Así crecerá y se extenderá a través del desierto, sin dejar pequeños reinos aislados del amor, y dejándote en ellos. Y te reconocerás a ti mismo, y verás tu pequeño jardín suavemente transformado en el Reino de los Cielos, con todo el amor del Creador brillando sobre él. (T-18.VIII.9:6-8, 10:3-4)

El pasaje anterior completa el proceso empezado por el milagro inicial, que transformó a un trozo de desierto en un jardín y te llevó a invitar a todos a él. Cuando los caminantes solitarios llegan al jardín, dejan de estar solos. Se conocen y unen con otros que se refugian allí. Y cuando estos nuevos amigos dejen el jardín, salen juntos, de la mano. Hasta tenemos la impresión de que dejan el jardín como sus emisarios, llevando sus semillas a nuevos lugares.

Con cada nueva persona que entra al jardín para encontrar rejuvenecimiento, el amor de allí crece. Y puesto que el amor es lo que produjo el jardín para comenzar, cuanto más amor absorbe, tanto más este crece y se expande. Al extenderse, convierte a cada ínfimo reino que encuentra en el desierto en un verde jardín, hasta liberar finalmente a todos los reinos solitarios, rescatar a todos los caminantes sedientos, y cubierto al desierto entero con fresco verdor. El mundo que solía ser un árido desierto, ahora es un reflejo puro del Amor de Dios y se "transforma en el Reino de los Cielos". Por tanto, lo que comenzó como un milagro en la mente de una o dos personas, ha elevado al mundo entero y lo ha llevado hasta las mismas puertas del Cielo.

RESUMEN

Espero que puedas ver ahora por qué llamo a esto una visión social. Describe una vía ideal para quienes viven juntos en el mundo, una vía que reversa las dolencias de este mundo, y que, el Curso afirma, transformará al fin a la sociedad humana. Es verdad, no es un programa que pueda ser instituido a escala masiva por el gobierno, por ejemplo. Jamás podría ser legislado, puesto que descansa enteramente en un profundo cambio interno. Tiene que comenzar con una o dos personas que han tenido este cambio interno y luego lo han extendido a partir de allí. ¿De qué otra forma podría funcionar? La sociedad convencional se produce por un estado mental masivo de odio. (Pocos de nosotros harían uso de la palabra "odio" para describir nuestra actitud mental, pero ¿cómo podríamos llamar a algo que nos lleva a cerrarle la puerta a la mayoría de nuestros hermanos?) ¿Qué podría introducir cambio genuino en una sociedad basada en el odio, más que la llegada del amor verdadero? Y ¿cómo podría legislarse esa llegada?

Hemos visto muchas imágenes simbólicas de esta visión social, pero permíteme resumirla en términos cotidianos para que podamos tener una mejor idea de ella.

Comienza en un mundo lleno de odio en donde la gente se siente privada del amor que les sostiene, y en donde vagan sin cesar, sin saber dónde saciar su sed interna. Nosotros mismos comenzamos como todos los demás, pero un día, tomamos una decisión crucial de renunciar a nuestro odio. Elegimos perdonar a alguien contra quien habíamos alimentado un rencor por muchos años.

Esta sola elección inicia un proceso que no podíamos haber anticipado. Nuestro antiguo enemigo nos devuelve nuestro perdón y ahora el odio que nos separaba desaparece, y así nada se interpone a nuestro deseo innato de unirnos. La relación se desarrolla a lo largo del tiempo. El viejo odio se convierte en un recuerdo lejano y nos adentramos más y más en la experiencia de unicidad. Nuestra relación se convierte lentamente en algo como un lugar diferente, en el que el duro clima del mundo externo ha dejado de existir. Se convierte en una especie de santo lugar en la que reinan diferentes principios, en la cual lo milagroso se convierte en posible y hasta natural.

En este punto podríamos permanecer aislados en nuestro pequeño refugio, gozando privadamente uno de otro. Sin embargo nos damos cuenta de que la alegría de nuestra relación es la alegría de la unión, y que limitar nuestra unión a esta sola persona también limita nuestra alegría. Y entonces, hacemos lo no convencional: Abrimos de par en par las puertas de nuestras vidas e invitamos a otros a compartir nuestra unicidad. No damos la bienvenida únicamente a quienes pueden llenar nuestras necesidades o realzar nuestro status. Invitamos a todos los necesitados y ¿quien en este mundo no está necesitado? Invitamos a los solitarios y temerosos, a los que lloran y sienten dolor. Invitamos hasta a aquellos "que caminan por el camino del odio y la senda de la muerte" (L-pI.195.5:2). Luego, no hay jerarquía en la bienvenida, no hay círculo interno y círculo externo. En nuestro hogar, "todo el mundo es un invitado de honor" (T-19.IV(A).16:2).

Cuando la gente llega a nuestro hogar, el interior parece bastante común, al igual que los que ellos ven. Sin embargo, se sienten como si hubieran entrado en un templo, o si se hubieran arrastrado fuera del desierto hacia un oasis. En estos ámbitos comunes sienten la presencia de algo extraordinario. Sienten la presencia del amor. Sienten una plenitud interna en donde antes había solamente vacío. Sienten como si, luego de años de hambre, se hubieran encontrado con un continuo festín. Sienten que, luego de décadas de arañar por cada pequeña sobra, han entrado a un campo de gracia divina en donde pueden descansar. Sienten que han llegado finalmente a casa. Esto realmente no tiene nada que ver con las trampas físicas que ven y tiene todo que ver con la "zona" de amor generoso alrededor de nosotros dos.

Con cada persona que trae gratitud, nosotros mismos nos sentimos más completos, más convencidos de nuestra propia inocencia. Con cada persona que se va, el elixir de nuestro hogar es llevado a un mundo sediento. Nuestro hogar crece con el tiempo. Construimos alas adicionales. Algunos de los visitantes se quedan permanentemente como anfitriones del creciente número de invitados de honor. La ciudad en la que vivimos se ve afectada por nuestro amor. Muchos de los vecinos experimentan nuestra bienvenida y como resultado se vuelven más amables, más abiertos ellos mismos a dar la bienvenida a la gente. Sólo con saber lo que hacemos a lo largo de nuestra calle afecta el día a día de la gente y su relación con sus semejantes. A medida que sus valores cambian en forma invisible, sin darse cuenta comienzan a tratar a sus familias de modo diferente, a llevar sus negocios de manera distinta y aún votan diferente. La región entera es influenciada sutilmente; se convierte en algo más como nuestra casa.

Quienes se han quedado con nosotros se motivan a comenzar hogares similares en otros sitios. Y estos, también, elevan sutilmente el mundo que les rodea. Con el tiempo, lo que comenzó con un gesto de perdón entre dos personas termina teniendo un efecto permanente en el mundo entero. Por nuestro perdón, el clima global de odio se suaviza. Cuando todo se haya dicho y hecho, nuestros esfuerzos, los esfuerzos de aquellos a quienes inspiramos y esfuerzos parecidos por parte de otros, terminan cubriendo al mundo entero con amor, haciendo de él un reflejo puro del Cielo, tan puro que finalmente "se funde con lo que allí se ve reflejado" (L-pI.167.12:3).

Este patrón general, por supuesto, puede asumir innumerables formas. Simplemente he esbozado una de ellas. La he descrito como teniendo lugar sobre los cimientos de la unión de dos personas. Pero, como vimos, también puede fundarse en una sola persona. En vez de ser un hogar, podría tener la forma de un templo, un jardín, un comedor para indigentes, un centro espiritual, o una comunidad expresamente constituida, siempre y cuando estén en armonía con los principios que he delineado. El patrón ni siquiera tiene que ser estacionario. Puede consistir de una o más personas que viajan y afectan a la gente por doquiera que van. De hecho, existen imágenes de esto específicamente en el Curso (ver, por ejemplo, T-22.IV.4-7).

CONCLUSIÓN

Ahora que he colocado esta visión en lenguaje más sencillo, podrás ver probablemente que no es un patrón enteramente desconocido. Uno piensa en el trabajo de la Madre Teresa, o en el de Jesús cenando con los descastados de su sociedad. Aún me recuerda de las cosas que Marianne Williamson ha hecho en sus Centros para Vivir. Lo que el Curso dice aquí ha sido demostrado en el mundo. Pero está en tal forma en contra de la esencia misma de nuestra sociedad que, cuando sucede, todos nos sentamos y nos damos cuenta. Se abren nuestros ojos y nos encontramos inspirados, perturbados, retados, aliviados y motivados, todo a la vez.

Esta, de hecho, es exactamente mi reacción a la visión que acabo de delinear. El concepto me inspira enormemente y sé que hay algo de profundamente cierto en él. Por esa razón me ha alegrado inmensamente escribir este artículo. Sin embargo, cuando pienso en demostrarlo en mi propia vida me parece una idea desestabilizante, si no temible. ¿Una forma de vida en la que invite a todos a mi puerta, especialmente a los más necesitados? Aún no he llegado allí. Aún valoro mi privacidad (lo poco que me queda). Aún valoro tener algo de habilidad para escoger a aquellos con quienes comparto mi vida. Aún quiero invitar a algunos y mantener la mayor parte de la humanidad fuera. Simplemente no siento que estoy listo para una vida sin murallas.

Mi siguiente reacción, sin embargo, es que sé que esta es la forma de vida a la que he sido llamado. Si el Curso dice que mi llamado aquí es a salvar el mundo, y dice que salve al mundo siendo este oasis en el desierto, entonces el convertirme en ese oasis debe ser mi llamado. ¿Cómo podría ser un estudiante del Curso y pensar de otra forma? ¿Cómo podría ser un seguidor de Jesús y pensar diferente? He creído por mucho tiempo que el Espíritu Santo estaba dirigiendo mi vida de acuerdo a un plan del que sólo veo pequeñas partes. Ahora parece que la visión que he presentado aquí es, en un sentido, el gran cuadro. Revisando mi vida, tengo claro que Õl ha estado dirigiéndome a lo largo de los primeros pasos de esta visión. Sólo puedo imaginarme qué pasos siguientes me esperan a lo largo del camino.

Eso me plantea tres preguntas: Primero, ¿puedo aceptar que este es mi llamado y hacer que mi meta sea alcanzar este lugar? Me ayuda el responder "sí" cuando confío que el Espíritu Santo diseñe una forma para que esta meta se adapte a mis habilidades individuales y a mi temperamento. También me ayuda si confío en que Õl será paciente (y me perdone!) al prepararme, y que no me obligue a nada antes de que esté listo.

Segundo, ¿cuál es mi próximo paso? Esta visión describe una secuencia que se desarrolla comenzando más bien en forma humilde y avanzando gradualmente hacia su conclusión radical. Viendo la secuencia general, puedo localizar fácilmente dónde me encuentro. La pregunta es entonces: ¿Cuál es mi próximo paso? Una vez que lo identifique, la tercera es obvia: ¿Estoy dispuesto a darlo?

Quisiera dejarles estas mismas preguntas básicas para reflexionar. ¿Es posible que el Espíritu Santo haya estado tratando de dirigirte por mucho tiempo a través de la misma progresión que he descrito aquí, hasta su final? Si es así, ¿puedes hacer de ese fin tu meta? ¿Puedes fijar la meta de convertirte en un jardín en el desierto, un jardín sin murallas? Si es así, ¿puedes distinguir cuál es tu próximo paso en este proceso? Y ¿estás dispuesto a darlo?


Translated by Clara Rodríguez (claraisabel@cantv.net) and revised by FADIS (Fundación Acortando Distancias, Caracas, Venezuela, February 9, 2001)


CIR 1: frenéticos, desesperados

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