La Práctica De La Vigilancia Mental

by Allen Watson

The Practice of Mental Vigilance, traducido por Rosa Hernández Mula,
con la autorización de The Circle of Atonement

Un Estudio sobre el Texto de UCDM, Capítulo 4

Sinopsis: UCDM presenta una técnica o práctica espiritual muy clara, a la que me refiero en este artículo como "vigilancia mental". La vigilancia mental puede ser definida como observar en nuestras mentes cualquier pensamiento que se oponga a nuestro conocimiento de Dios y elegir cambiar nuestra mente cuando detectemos dichos pensamientos. El Curso recomienda una implicación activa, consciente, en nuestro propio proceso mental, en contraste con la casi pasiva separación de nuestras propias mentes, que la mayoría de nosotros aceptamos como normal.

Nota Personal del Autor

Este es mi cuarto intento de escribir este artículo. En una primera ocasión lo escribí como notas sueltas para un grupo de estudio. Luego hice una re-escritura rápida para un artículo en nuestro último boletín, pero no teníamos sitio para él. De modo que lo envié a Tom Gossett por si él podía utilizarlo en su boletín canadiense, Insight.

Después de leer el artículo, Tom lo rechazó educadamente por sonar demasiado a sermón, como si yo estuviese amonestando a mis lectores, o regañándoles. Para entonces teníamos casi listo un nuevo boletín, de manera que le di el artículo a Robert para que lo leyera. Para mi sorpresa, tuvo la misma reacción que Tom: el artículo se parecía demasiado a un sermón. Con dos opiniones independientes diciendo lo mismo, ambas de personas cuyos puntos de vista respeto, pensé que debería mirar las cosas de una nueva forma.

Creo que hay al menos dos razones por las que mis primeros intentos sonaron demasiado como algo proclamado desde un púlpito. Una de ellas es que el propio Curso es un poco "sermoneador" en este tema. Jesús insiste en que somos responsables de nuestros pensamientos y de nuestro miedo; tenemos que lidiar con estos temas nosotros mismos. él dice que somos demasiado tolerantes con nuestras mentes deambulantes. Una y otra vez él parece estar diciendo: "Empezad con el programa, chicos. Si no lo hacéis, nadie lo va a hacer por vosotros". Pienso, por lo tanto, que cualquier artículo que trate de este tema contendrá, necesariamente, algo del tono "Esto es lo que necesitas hacer".

Otro factor, sin embargo, fué culpable en mayor medida: mi juicio sobre mi propia práctica imperfecta de la vigilancia mental. Me estaba sermoneando, y regañando, a mí mismo, y esto dió la impresión de que estaba regañando a mis lectores. ¡Necesitaba practicar exactamente sobre lo que estaba escribiendo, observando mis propios pensamientos, para conseguir escribir adecuadamente lo que estaba escribiendo!

He hecho una re-escritura de la mayor parte del artículo, y esta vez espero que salga con un tono más cálido, gentil y humano. El mensaje del Curso que trato de comunicar puede hacer aparecer reacciones de culpa, tal y como me ocurrió a mí. De manera que si empiezas a sentir como si te estuviéramos sermoneando, el Curso o yo, por favor dale una segunda ojeada al artículo.

La vigilancia mental es un asunto conmovedor porque el Curso te está pidiendo realmente que hagas algo al respecto (¡Glup!). Y más que eso: está haciendo que nuestro despertar espiritual dependa de que lo hagamos. Si sientes alguna resistencia a lo que dice este artículo, te sugeriría que observes tus pensamientos y te preguntes qué es lo que estás pensando que está desencadenando tu resistencia. Mira si, por ejemplo, hay algunos pensamientos que quieres cambiar. Y si, aún así, todavía estoy proyectando mi propia culpa sobre tí, sólo puedo pedirte que me perdones.

Introducción A La Vigilancia Mental

La primera parte del Capítulo 4 trata de la práctica de la vigilancia mental. La Sección IV, "Esto no tiene por qué ser así", presenta la práctica detalladamente, y este artículo se concentrará en esa sección. La Introducción y las tres primeras secciones del Capítulo 4 llevan a esta sección; por lo tanto, me gustaría resumir algunos pensamientos de esta primera parte del capítulo. Para un máximo entendimiento, mira por favor las referencias y léelas; he tenido que abstenerme de copiar literalmente todas para poder mantener este artículo de una longitud manejable.

La elección fundamental que nos confronta a todos es : ¿Qué voz escucharemos? ¿La voz del ego o la voz del Espíritu Santo? (T-4.Int.2:1) La vigilancia mental consiste en reconocer esta voz como nuestra responsabilidad fundamental. Hasta que no desechemos el ego de nuestras mentes, mediante la elección consciente, sencillamente nosotros re-elaboramos la separación en cada momento de nuestras vidas. El ego sólo puede ser expulsado voluntariamente (T-In.3:4-6).

Enseñar y aprender nos capacita para cambiar nuestras mentes, lo que las hace enormemente fuertes. Pero sin la voluntad de cambiar no podemos aprender nada. El sistema de pensamiento de nuestro ego nos metió en este lío y, a menos que estemos dispuestos a cambiar esta forma de pensamiento, permaneceremos en él (Texto, pág. 59; T-4.I.4:1,2). Hemos sido llamados a participar activamente en la transformación de nuestros pensamientos. Jesús nos dice, "Si estás dispuesto a renunciar al papel de guardián de tu sistema de pensamiento y lo abres a mí, yo lo corregiré gentilmente y te dirigiré de vuelta a Dios" (T-4.I.4:4-7).

Lo que yo he estado descubriendo es que mis primeros pasos en la vigilancia mental han destapado no algunos profundos y oscuros secretos del ego, sino simplemente cuán frenéticamente actúo como guardián de mi sistema de pensamiento. ¡Mis primeros esfuerzos en la vigilancia han puesto al descubierto nada más que mi resistencia a la vigilancia! Si me hubieras dicho que yo estaba evitando cuidadosamente echar una ojeada a mis pensamientos, te hubiera contestado que estabas equivocado. Ahora sé que es así, lo cual es, al menos, un comienzo. Cuántas veces, mientras practicaba el Libro de Ejercicios, he traído la lección a mi mente sólo para decir "No ahora; pensaré en ello dentro de un minuto". "Dentro de un minuto" nunca llega.

Es desestabilizante comprender cómo hemos tratado de acordonar nuestras propias mentes del despertar consciente. Escuchando al ego tenemos muchos pensamientos que deseamos retener en nuestras mentes para apoyar al ego; sin embargo, no nos atrevemos a ser conscientes de esos pensamientos. Si nos hiciésemos conscientes de ellos, o nos sentiríamos demasiado culpables o reconoceríamos su locura y los dejaríamos ir. De modo que los pensamos mientras, simultáneamente, nos negamos a mirarlos.

La lección 136 del Libro de Ejercicios (párrafos 3¹ al 5¹) aclara cómo lo hacemos.

{Las defensas del ego} parecen ser inconscientes pero (o sea, sólo) a causa de la rapidez con la que eliges utilizarlas. En ese segundo, incluso menos, en el que se hace la elección, reconoces exactamente qué intentas hacer, y procedes a pensar que ya está hecho (Libro de Ejercicios, p. 274; LE-l.136.3:3,4).

El ego no puede establecer defensas inconscientemente (LE, p. 274; LE-l,136.4:1,2). "Más una vez que lo has hecho, tu plan requiere que te olvides de que fuiste tú quien lo hizo, de manera que parezca ser algo ajeno a tu propia intención…" (Libro de Ejercicios, p. 274; LE-l.136.4:3). Yo creo que lo que llamamos mente inconsciente consiste en nada más que pensamientos que fueron una vez conscientes pero que hemos olvidado deliberadamente. Programamos la computadora de nuestro inconsciente y luego olvidamos, convenientemente, que nosotros escribimos el programa.

Según se cuenta en Absence From Felicity, en guía personal a Helen y Bill, Jesús dió las razones por las que debemos observar nuestras mentes muy claramente. Dijo:

Persistes en creer que cuando no vigilas conscientemente tu mente, es inconsciente. Es hora de considerar la totalidad del mundo del inconsciente, o de la mente no vigilada. Esto te atemorizará porque es la fuente del miedo…. La mente no vigilada es responsable de la totalidad del contenido del inconsciente… (Absence, pp. 256, 257)

El Curso responde a nuestras preguntas acerca de cómo la mente pudo elaborar el ego hace mucho tiempo diciéndonos que vigilemos nuestras mentes ahora. Nos pide mirar nuestras mentes en el presente para ver cómo elaboramos el ego en el presente. Si podemos contestar a esa pregunta, el pasado dejará de tener importancia (ver T-4.II.1:1-3). Estamos "elaborando" el ego ahora, y es en el momento presente cuando necesitamos dejar al descubierto la elaboración del ego y elegir dejarlo marchar. Esto es de lo que se trata la vigilancia mental.

Cuando pillamos a nuestra mente "elaborando" el ego en el presente, el paso siguiente es comprender que "la mente no necesita trabajar de ese modo" (T-4.II.3:6). Tenemos el poder de elegir de forma diferente.

Aquí es donde, usualmente, yo me quedo atascado. Muy a menudo parece que soy impotente para liberarme de las creencias del ego en el miedo, la culpa y el ataque. Aquí es donde el Curso parece enfurecerte más. El Curso insiste en que mi creencia en la impotencia es sólo otra trampa del ego para capacitarme para negar mi responsabilidad por mis pensamientos. Todas las defensas del ego se desencadenan para mantenerme alejado de tomar esa responsabilidad. Quizás, simplemente, niego que los pensamientos ego están ahí o, incluso, que son molestos. O quizás me culpo por tenerlos. Hasta que no esté preparado para ser responsable de esos pensamientos, para perdonarme por tenerlos y para reconocer el poder de mi mente para cambiarlos, parecerá que esos pensamientos tienen un poder propio más allá de mi control.

La perspectiva de cambiar todos esos pensamientos ego parece tan intimidante que, sencillamente, consentimos esos pensamientos.

Nunca ha penetrado realmente en tu mente el rechazar cada idea que hayas tenido que se oponga al conocimiento. Retienes miles de pequeños retazos de miedo que impiden la entrada del Santo. La luz no puede atravesar las paredes que levantas para bloquearla, y nunca desea destruir lo que tú has hecho. Nadie puede ver a través de un muro, pero yo puedo rodearlo. Vigila en tu mente los retazos de miedo, o serás incapaz de pedirme que rodee ese muro (T-4.III.7:1-5).

Jesús está diciéndonos que no hemos intentado en serio con anterioridad hacer lo que nos está pidiendo, que es "rechazar cada idea que hayas tenido que se oponga al conocimiento". Nos está pidiendo que hagamos un intento serio ahora. Dice que hay "miles de pequeños retazos de miedo" en nuestras mentes, y nos pide que "vigilemos en nuestras mentes esos retazos de miedo". Vigilar nuestra mente. Esto es de lo que se trata, de vigilar nuestra mente.

Me he encontrado con que mi problema es haberme tomado todo esto de forma demasiado casual. Dejo que mi mente vague bajo la influencia del ego sin vigilarla ni cuestionarla. El Libro de Ejercicios nos entrena para desarrollar un hábito de vigilancia activa, consciente. Nos entrena para volver nuestros pensamientos a Dios cada mañana y noche, cada hora durante el día, cinco o seis veces entre horas, y en respuesta a cada pensamiento ego que detectemos. He descubierto que cuando "intento realmente" hacer lo que el Libro de Ejercicios dice, ¡veo cuán adepta es mi mente a evitar ser vigilada!

Luego, Jesús dice: "si intentas hacerlo realmente, has dado el primer paso en preparar tu mente para la entrada del Santo" (T-4.III.8:3). ¡Oh, cómo nos conoce! "Si intentas realmente hacerlo", dice. Leemos acerca de ello, podemos leerlo cientos de veces en el Curso, pero ¿intentamos realmente hacerlo?¿O hacemos un esfuerzo simbólico y luego lo olvidamos? Si "realmente lo intentamos" hemos dado "el primer paso".

Cuando realmente intentamos hacerlo, estamos alerta a cualquier pensamiento ego que llegue a nuestra mente, y lo captamos al momento con la comprensión de que "ya lo estoy haciendo otra vez, y no necesito hacerlo.. Puedo elegir una forma diferente de pensar. No tengo que permitir a estos pensamientos que corran por mi mente". Comprendemos que, parafraseando al anuncio del V-8, "Guau! Podría haber tenido un milagro!"

La intención de este anuncio es conseguir que la gente abandone viejos hábitos y pense en algo nuevo. En lugar de limitarse a decir "Tomaré una Coca-cola", se para y piensa: Podría en cambio tomar V-8. La intención del Curso es la misma. En lugar de dejar que ese pensamiento ego corra descontrolado, párate y piensa: "Hey!, podría haberme ocurrido un milagro!"

Cómo Practicar La Vigilancia Mental

La Sección IV, "Esto no es necesario", da una muy clara descripción de la vigilancia mental. La primera frase es lo que no queremos reconocer: "Si no puedes oír la voz de Dios, es porque no eliges oírla". Esta elección de no oír es lo que estamos intentando descubrir. Y "que tú escuchas la voz de tu ego queda demostrado por tus actitudes, tus sentimientos y tu comportamiento" (T-4.IV.1:2). Para ver esto, también, es para lo que estamos observando. Estamos vigilando nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestro comportamiento para darnos cuenta de las formas en que escuchamos al ego.

Más adelante, en la misma Sección IV de este capítulo, Jesús dice que ha hablado del ego como si fuera real porque "era necesario persuadirte de que no puedes desecharlo un poco, y debes comprender en qué gran medida de tu sistema de pensamiento está dirigido por el ego" (T-4.VI.1:3,4). Esto es lo que Jesús nos está pidiendo que observemos: hasta qué punto nuestro pensamiento está dirigido por el ego. No comprendemos lo que hemos estado haciendo porque el ego es hábil en ocultarse a sí mismo. "¿Cómo puede mantener la trampa de su existencia excepto con espejos?" –(T-4.IV.1:7). El ego tiene que engañar, distraer y desenfocar nuestra atención para mantener su existencia. Esto es exactamente por lo que tenemos que observar nuestras mentes, vigilarlas cuidadosamente, ser dolorosamente honestos con nosotros mismos, y hacer un esfuerzo serio para ello. ¡No es fácil!

En el párrafo 2, el Curso especifica qué es lo que se nos está pidiendo, lo que estoy denominando "vigilancia mental". Comienza recordándonos que no se nos está pidiendo cambiar nuestra mente. Es nuestra mente la que está escuchando al ego y eligiendo no escuchar al Espíritu Santo. Podemos cambiar esto, aunque podemos pensar que no podemos. Aquí el Curso traza un proceso que vamos a seguir, un proceso en el que veo cinco pasos. (Los cinco puntos están sacados del T-4.IV.2:1-9 o de la página 57 de la primera edición original en inglés; en lo que sigue, utilizo únicamente los números de frase como referencias).

1. Sé consciente de tu estado de ánimo.

"Cuando tu estado de ánimo te diga que has elegido de forma equivocada, y esto es así siempre que no estés alegre…" (2).

El Curso nos pide empezar por ser conscientes de nuestro humor y sentimientos. En el momento en que notemos una falta de alegría, algo falta. Hemos hecho una elección equivocada en nuestras mentes, y el resultado es un estado de falta de alegría. Nuestros ánimos y sentimientos nos sirven de "sistemas de alarma inmediata". Son una alarma que se dispara diciéndonos que hemos hecho una elección equivocada. Un sentimiento de escasa alegría es un indicador de que necesitamos prestar atención a nuestras mentes y cambiarlas.

2. Sabe que esto no es necesario.

El segundo paso, una vez que nos hemos hecho conscientes de nuestros sentimientos y dado la alarma, es reconocer o saber que "esto no es necesario" (2). La alegría siempre es posible. Estos estados de ánimo de depresión, ansiedad, o cualquier otro por el estilo, no son inevitables. No nos asaltan misteriosamente por accidente. No se imponen a nuestra mente por algún poder externo. "En cada caso" -fíjate en esto: en cada caso; no hay excepciones- "tú has pensado de forma errónea acerca de algún hermano que Dios creó y estás percibiendo imágenes que tu ego elabora en un cristal oscuro" (3).

¿Qué es lo que hemos hecho? Hemos pensado de forma equivocada. Algo falta en nuestra mente. No es algo fuera de nosotros; es algo que está en nuestra mente. Concretamente, hemos pensado erróneamente acerca de un hermano que Dios creó. Puede ser que estemos pensando erróneamente acerca de otra persona; o de nosotros mismos. Pero en cada caso estamos teniendo pensamientos equivocados acerca de alguna creación de Dios. Estamos viendo esa creación como algo menos de lo que Dios hizo que fuera. Esto, y sólo esto, es la fuente de nuestra falta de alegría!

Cuanto más practico el Curso, más encuentro que puedo detenerme antes de que las cosas se pongan realmente feas. Solía necesitar algo como una importante depresión o el pánico total para despertar al hecho de que algo iba mal. Ahora, estoy empezando a reconocer pistas mucho menos elocuentes y a responder a ellas. Cada vez que mi dicha no es completa (como ocurre aún la mayor parte del tiempo), puedo hacer algo al respecto si lo deseo.

Puesto que son nuestros pensamientos incorrectos los que están causando nuestra falta de alegría, la buena noticia es que podemos cambiar esos pensamientos. "Esto no es necesario". Si el problema es reaccionar con una falta de amor, la respuesta es simplemente elegir dar el amor que falta. Hay algo que podemos hacer acerca de la situación: podemos cambiar nuestros pensamientos.

3. Piensa acerca de tus pensamientos.

El tercer paso comienza con la acción correctiva:

Piensa honestamente qué has pensado que Dios no hubiera pensado, y qué no has pensado que Dios hubiera pensado (T-4.IV.2:4)

En otras palabras, pensar acerca de nuestros pensamientos. Pensar erróneamente fue la causa de nuestra pérdida de alegría, por lo tanto, piensa acerca de qué pensamientos equivocados pueden haber sido.

Hay dos formas en que nuestros pensamientos pueden desviarse del blanco : positiva y negativamente. Positivamente, podemos aceptar algunos pensamientos ego como nuestros. Podríamos estar teniendo un pensamiento de ataque, o meditando sobre un agravio. Podríamos estar pensando en nosotros mismos como indignos. De alguna manera, nos estamos percibiendo a nosotros mismos o a un hermano como algo menos que una perfecta creación de Dios.

O nuestro error puede ser negativo, uno de omisión más que de comisión. Podemos estar reteniendo el amor, fracasando en responder amorosamente a nuestra propia necesidad de un hermano.

Me estoy encontrando con que tengo una gran resistencia a hacer esto. No es difícil entender qué nos está pidiendo el Curso, pero a veces parece difícil hacerlo. No quiero admitir que mis pensamientos pueden ser la causa de mi infelicidad, más que las causas externas a las que les he estado echando la culpa. No obstante, estoy empezando a aprender que, cuando lo admito, encuentro más paz.

4. En busca de lo que hemos hecho.

Este paso es, en un sentido, la lógica continuación del paso anterior. Después de pensar acerca de cuáles han sido nuestros pensamientos equivocados, podemos buscar en nuestra mente qué es lo que hemos hecho o dejado sin hacer como resultado de esos pensamientos. A mí esto me parece diseñado para reforzar mi conocimiento de los efectos de mis pensamientos, para hacerme consciente de cómo han afectado mis pensamientos a la situación.

Este paso, bajo la guía del Espíritu Santo, puede facilitarme algunas pistas acerca de qué puedo hacer en el siguiente paso cuando he cambiado mi mente.

5. Cambia tu mente para pensar con la Mente de Dios.

El siguiente paso queda establecido de forma muy sencilla: cambia tu mente para pensar con la Mente de Dios. La idea de cambiar nuestra mente, o elegir de nuevo, es uno de los principales temas del Curso. La última sección del Texto se titula "Elige de nuevo". Dice: "Siempre eliges entre tu debilidad y la fuerza de Cristo en ti" (T-31.VIII.2:3). "En cada dificultad, en toda angustia, y en cada duda, Cristo te llama y de dice gentilmente, 'Hermano mío, elige de nuevo'" (T-31.VIII.3:2).

Cuando oye esto, la mayoría de la gente se encuentra preguntándose: "Pero, ¿cómo lo hago?". La respuesta más común del Curso es que no tenemos que preocuparnos con el cómo, sólo tenemos que desear hacerlo. Esto nos dice que cuando elegimos cambiar nuestras mentes, con el mínimo esfuerzo, el Espíritu Santo añade Su fuerza a la nuestra y hace que nos sea posible llevarlo a cabo.

Para mí, lo que siempre parece funcionar, finalmente, es sencillamente hablarle a Jesús (o al Espíritu Santo). Le digo exactamente qué me está ocurriendo; qué estoy pensando; cómo me siento; lo imposible que parece todo el asunto; y que no sé qué hacer al respecto. Para cuando he terminado de hablar, mi mente, de alguna manera, ha cambiado. No puedo decirte cómo funciona, pero funciona.

Jesús sabe perfectamente lo difícil que nos parece el cambio de mentalidad. él nos dice inmediatamente, aquí en el capítulo 4, "Puede parecer duro, pero es mucho más fácil que tratar de pensar en contra de ello" (T-4.IV.2:6); es decir, más fácil que tratar de pensar en contra de la Mente de dios. Y lo explica algo más ampliamente:

Tu mente es una con la Mente de Dios. Negar esto y pensar de otra manera ha mantenido tu ego intacto, pero ha escindido, literalmente, tu mente (7, 8).

Para pensar en contra de Dios tenemos que ir contra nuestra propia naturaleza. El Curso nos dice, frecuentemente, que seguir la verdad o vivir en el amor es mucho, mucho más fácil que vivir en el ego porque amor es lo que nosotros somos. No puede ser duro ser lo que somos; ¡lo puede haber nada más duro que ser lo que no somos!

Jesús, como hermano amoroso nuestro, dice que está profundamente interesado en nuestras mentes. Quiere que compartamos su interés porque él sabe que únicamente la vigilancia mental nos liberará de los errores de nuestro ego.

Estos son los pasos del proceso de la Vigilancia Mental:

Sé consciente… Sabe… Piensa… Busca… Cambia…

No Necesitamos La Ausencia De Vigilancia

Guarda tu mente de las tentaciones del ego, y no te dejes engañar por él. No te ofrece nada (T-4.IV.6:1, 2)

El Curso nos está pidiendo abandonar la elección activa a favor del ego, elecciones que hemos pedido esconder a nuestra memoria. Dice que la mente es capaz de centrarse, elevándose por encima de nuestra fatiga, y sanarse a sí misma y a otros. Dice que lo sabremos con respecto a nuestras mentes cuando dejemos de prestar atención al ego.

Jesús dice: "no estás lo suficientemente en guardia contra las demandas del ego como para desapegarte por ti mismo" (T-4.IV.6:4). Y repite de nuevo: "Esto no es necesario". En este caso, él no está hablando acerca de una manifestación concreta del ego, como tristeza, culpa o ansiedad. Está hablando acerca de todo el asunto de nuestra falta de vigilancia. Nuestra falta de vigilancia no es necesaria. Es algo que podemos cambiar, y es algo que se nos va a pedir que cambiemos.

Si tengo un buen propósito de Año Nuevo es ser más vigilante mentalmente. He decidido repetir el Libro de Ejercicios de nuevo, utilizando su apoyo para desarrollar este hábito decisivo. Mientras trabajo en el desarrollo de este hábito, estoy también aprendiendo a no "culparme" por no tener el hábito aún. Aprender a cooperar en deshacer mi ego es para lo que estoy aquí. Puedo felicitarme por haberme enrolado en el plan de estudios del Espíritu Santo y él tiene un índice de éxito garantizado del 100%. ¡Todo el que se inscribe en Su curso aprueba! él es muy hábil en trabajar con estudiantes atrasados; no necesito el temor de no ser capaz de aprender.

Debemos Inscribirnos En El Curso

T-4.IV.7:1 nos dice que "El hábito de comprometernos con Dios y Sus creaciones se hace fácilmente". Aunque no nos parece fácil, ciertamente. ¿Por qué no?

El hábito se forja fácilmente, dice Jesús, "… si tú, de forma activa, te niegas a que tu mente se escabulla". "De forma activa" implica que debemos hacer un esfuerzo consciente; debemos actuar. Demasiado a menudo somos pasivos en vez de activos; permitimos que nuestra mente "se escabulla". El desarrollo de un hábito de "compromiso con Dios y con Sus creaciones" es lo que perseguimos, y desarrollar un hábito requiere práctica regular, consciente. Estamos acostumbrados a ser pasivos. Para desarrollar un hábito de "compromiso con Dios" debemos llegar a estar activamente implicados en nuestro proceso mental. Debemos inscribirnos en el curso.

Puede que pensemos que no podemos concentrarnos, pero Jesús nos dice:

El problema no es de concentración; es la creencia de que nadie, incluido tú, es consecuente con ese esfuerzo. Acompáñame constantemente contra esta decepción, y no permitas que esa vieja creencia te eche para atrás. Los descorazonados son inútiles para sí mismos y para mí, pero únicamente el ego puede estar descorazonado (2, 4).

Cuando permanecemos pasivos, ni siquiera participamos en la carrera; tropezamos en la puerta de salida. Tropezamos con la idea de que el esfuerzo no vale la pena. Toma nota de que no requiere esfuerzo. Probablemente tenemos alguna idea del gran esfuerzo que conllevaría controlar con nuestro sistema de pensamiento de esa manera, y el triste hecho es que no creemos que valgamos ese esfuerzo. Tenemos tan pobre opinión de nosotros mismos que pensamos que no seremos capaces de llevarlo a cabo, o que no pensamos que nuestro Ser merezca esa molestia. ¡Qué pensamiento tan "raído"! Si estamos descorazonados al principio somos inútiles para nosotros mismos. Jesús dice que esto es un "engaño", obviamente un engaño del ego para impedirnos siquiera intentarlo. Jesús nos urge a que no permitamos que el desánimo nos haga dar marcha atrás, y a que tomemos partido por él en contra de ese desánimo.

Cuando me sorprendo yendo a la deriva por unas horas o unos días, sin prestar atención o sintiéndome vagamente desanimado, he llegado a reconocer que en alguna parte, por alguna razón, he debido decidir que no valgo el esfuerzo. Lo que me devuelve a la práctica es la comprensión de que ¡realmente sí merezco el esfuerzo! Yo merezco vivir en la alegría, y la Voluntad de Dios para mí es la perfecta felicidad.

No aceptes nada que sea menos que esto, y rechaza como meta cualquier cosa que no sea esto. Vigila estrechamente en tu mente cualesquiera creencias que impida su realización, y apártate de ellas. Juzga lo bien que lo has hecho según tus sentimientos, porque ése es el único uso correcto del juicio (T-4.IV.8:4-6).

Jesús me dice que controle mis sentimientos. Puedo preguntarme a mí mismo, "¿Soy dichoso?" Si no lo soy, puedo comprometerme activamente en el proceso que se ofrece aquí. Sé que esto no es necesario; pienso acerca de mis pensamientos; busco mis acciones; y cambio mi mente. Así es como yo juzgo en contra del ego; así es como llego a identificarme con mi Ser tal y como Dios me creó.

En el decimoprimer párrafo, Jesús nos asegura que podemos y que lo haremos. él dice:

No estoy equivocado. Tu mente elegirá unirse a la mía, y juntos somos invencibles (T-4.IV.11:4,5)

La vigilancia mental es una lección que podemos aprender. Si Jesús nos pide que la aprendamos, eso significa que podemos aprenderla. Si Jesús nos pide que la aprendamos, él nos mostrará cómo hacerlo. ¡Nosotros valemos el esfuerzo! Y las recompensas son tales experiencias de paz y dicha que nunca querremos volver a ocultarnos tras nuestro ego de nuevo.

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