El que recibe milagros

by Robert Perry

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La mayoría de los estudiantes del Curso están concientes del término "obrador de milagros" pero son unos pocos conocen el término "receptor de milagros". Al combinar esta expresión con "obrador de milagros", es evidente que el milagros es algo que fluye desde un dador (obrador) a un receptor. Este hecho contrasta con el habitual entendimiento de los estudiantes del Curso que señala que el milagros es un fenómeno interno, una sanación de la percepción dentro de nuestra mente.

Definición

Normalmente denominado "el receptor". Aquel que recibe milagros desde un obrador de milagros. Estos milagros provienen de de la mentalidad recta del obrador de milagros y están destinados a restaurar la mentalidad recta en el receptor. Además, le proporcionan fortaleza, amor, progreso espiritual y convicción al receptor. Para maximizar la recepción, el milagros debe expresarse en la forma que más útil sea y que produzca la menor cantidad de miedo al receptor.

los milagros son expresiones de una orientación milagrosa, y una orientación milagrosa no es otra cosa que una mentalidad recta. Los que poseen una mentalidad recta no exaltan ni menosprecian la mente del que obra milagros ni la del que los recibe. En cuanto medio de corrección, sin embargo, el milagro no tiene que esperar a que el que los ha de recibir goce de una mentalidad recta. De hecho, su propósito es restituirle su mente recta. Es esencial, no obstante, que el obrador de milagros esté en su mente recta, aunque sea brevemente, o, de lo contrario, será incapaz de re-establecer la mentalidad recta en otros. Ver T-2.V.3:2-3

Pasajes

Los milagros brindan amor al receptor

Brindan (los milagros) más amor tanto al que da como al que recibe (T-1.I.9:3)

Los milagros incrementan la fortaleza del receptor

Aumentan la fortaleza del que da y simultáneamente le dan fortaleza al que recibe. (T-1.I.16.2)

El milagro dispara el progreso del receptor

Esto introduce un intervalo del cual tanto el que da como el que recibe (el milagro) emergen mucho más adelantados en el tiempo de lo que habrían estado de otra manera. (T-1.II.6.4)

El milagro descansa en el reconocimiento de la igualdad entre el dador y el receptor

El milagro substituye a un aprendizaje que podría haber durado miles de años. Lo hace en virtud del reconocimiento implícito de la perfecta igualdad que existe entre el que da y el que recibe en la que se basa el milagro. (T-1.II.6:7-8)

La fortaleza del dador sostiene la creencia del receptor

La fuerza de tu convicción sostendrá entonces la creencia del que recibe el milagro. Las fantasías se vuelven totalmente innecesarias cuando la naturaleza completamente satisfactoria de la realidad se vuelve evidente tanto para el dador como para el receptor. (T-1.VII.3:10-11)

El milagro debe ser expresado en la forma más beneficiosa para el receptor

De hecho, si se usa acertadamente (a la Expiación), será expresada inevitablemente en la forma (de un milagro) en que le resulte más beneficiosa a aquel que la va a recibir. (T-2.IV.5.2)

El dador debe estar en su mentalidad recta, pero el receptor no.

Los que poseen una mentalidad recta no exaltan ni menosprecian la mente del que obra milagros ni la del que los recibe. En cuanto medio de corrección, sin embargo, el milagro no tiene que esperar a que el que los ha de recibir goce de una mentalidad recta (T-2.V.3:2-3)

Cuando se ofrece un milagro, expían tanto el dador como el receptor

Hay que entender, no obstante, que cuando le ofreces un milagro (a tu hermano) estás acortando su sufrimiento y el tuyo. Esto corrige tanto retroactivamente como progresivamente. (T-2.V.10:7-8)

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