El Poder Oculto de las Decisiones HIOI

by Robert Perry

¿Se preguntan algunas veces por qué no logramos cambiar con más rapidez? ¿Por qué nos quedamos tan atrapados en nuestros patrones de conducta y pensamiento? ¿Por qué es que el despertar es tan lento? Después de todo, el Curso enseña que estamos a cargo del sueño. Podemos elegir lo que queramos. Podemos elegir despertar ahora mismo. ¿Entonces por qué no estamos despiertos?

Recientemente, se me presentó una respuesta en la Lección 136, "La enfermedad es una defensa contra la verdad." Esta lección contiene una descripción fascinante y perturbadora de cómo es nuestra defensa contra la verdad.

Las defensas no son involuntarias ni se forjan inconscientemente. Son como varitas mágicas secretas que utilizas cuando la verdad parece amenazar lo que prefieres creer. Parecen ser algo inconsciente debido únicamente a la rapidez con que decides emplearlas. En ese segundo, o fracción de segundo en que decides emplearlas, reconoces exactamente lo que te propones hacer, y luego lo das por hecho.

¿Quién sino tú decide que existe una amenaza, que es necesario escapar, y erige una serie de defensas para contrarrestar la amenaza que ha juzgado real? Todo esto no puede hacerse de manera inconsciente. Mas una vez que lo has hecho, tu plan requiere que te olvides de que fuiste tú quien lo hizo, de manera que parezca ser algo ajeno a tu propia intención; un acontecimiento que no guarda relación alguna con tu estado mental; un desenlace que produce un efecto real en ti, en vez de uno que tú mismo has causado.

La rapidez con la que te olvidas del papel que desempeñas en la fabricación de tu "realidad" es lo que hace que las defensas no parezcan estar bajo tu control. (L-pI.136.3:1-5:1)

Aquí tenemos la descripción de cómo mantenemos la verdad a la distancia. Cuando llega la verdad y amenaza con derribar nuestro mundo seguro, tomamos una decisión instantánea de montar una defensa, una decisión que sólo parece inconsciente debido a que es tan rápida. Y luego, con la misma rapidez, la olvidamos. Ahora nuestra defensa avanza, pero aparentemente por sí sola, sin nuestra ayuda. Parece ser un desenlace que produce un efecto real en ti, en vez de uno que tú mismo has causado. (4:3)

A estas decisiones las voy a llamar "decisiones HIOI" – sigla que significa "Hechas Instantáneamente/ Olvidadas Instantáneamente." ¿De verdad tomamos decisiones HIOI? ¿Cómo podemos saber si lo hacemos? Después de todo, la naturaleza de estas decisiones es que después de tomarlas no recordamos haberlas tomado. Parece sospechosamente conveniente que Jesús diga que hacemos algo que, por su misma naturaleza, es extremadamente difícil comprobar. Es como si dijera, "los juguetes de tus hijos están vivos en realidad, pero no lo podrás verificar porque cuando los miras, toman la actitud de estar sin vida."

Pero estoy exagerando, pues podemos pescarnos tomando decisiones HIOI. Creo que el caso clásico es con las dietas. Si alguna vez has estado a dieta (y la mayoría lo ha estado), probablemente has experimentado el fenómeno de una dieta que falla ella sola. De alguna manera deja de funcionar – o, peor aún, no funciona desde el principio. Esto parece estar conectado con un fenómeno relacionado: que la comida entre a la boca sin que uno lo ponga ahí. Nunca se tomó la decisión de comer esa comida, sin embargo ahí está, en la boca.

Naturalmente que sí se tomó la decisión de comer la comida, y uno puede pescarse tomando esa decisión. En mi experiencia, la decisión es extrañamente similar a lo que Jesús describe arriba. Siento la amenaza del hambre, o simplemente de estar perdiéndome de algo delicioso. Al principio posiblemente me decida a resistir la tentación. Esta decisión de resistir puede ser bastante deliberada, acompañada de idas y venidas, algunas punzadas de pesar, además de palmadas mentales en la espalda. Y luego, de repente, bam! Decido comer esa comida. Después de toda la deliberación previa, esta decisión es asombrosamente rápida. Es tan instantánea que parece inconsciente. No es más que una fugaz decisión. Y luego, en una versión retorcida de no dejar que la mano izquierda sepa lo que hace la mano derecha, miro para el otro lado instantáneamente. Tan rápida y completamente miro para otro lado que, de hecho, la decisión se puede olvidar de verdad hasta el punto en que a veces no puedo recordar haber decidido comer lo que estoy masticando. Solito parece haber entrado a mi boca.

Es probable que sepas exactamente de lo que estoy hablando. Este no es un fenómeno raro. Vi un programa televisivo que puso a prueba la declaración de mucha gente obesa que dicen tener metabolismos más bajos. Deben tener metabolismos más bajos, razonan, porque comen tan poca comida y sin embargo aumentan tanto de peso. Los científicos en este programa tenían una manera de medir su metabolismo con precisión y encontraron que esta gente en realidad estaba quemando más calorías, no menos, que la persona promedio por la simple razón que tenían mayor masa corporal. La conclusión a que se llegó en el programa (si es verdad o no, no lo sé) es que la historia verdadera detrás de la obesidad es la calibración más alta del apetito en el cerebro. La gente obesa pesa más, no porque sus cuerpos queman menos calorías, sino porque sus cerebros presionan (con punzadas de hambre) para que ingieran más calorías. Si estos científicos tienen razón, entonces los obesos que examinaban deben haber estado usando cien por cien el proceso que Jesús describe acá. No sólo que no recordaron haber decidido; no recordaron haber comido.

Por lo tanto, sí es posible tomar decisiones HIOI (hechas instantáneamente/olvidadas instantáneamente). Una vez establecido esto, pensemos en dos cuestiones adicionales. Primero, ¿serán estas decisiones una pequeña minoría; o en realidad, son así la mayoría de nuestras decisiones? Segundo, ¿las culpables de nuestro lento progreso espiritual no serán estas decisiones HIOI? ¿Serán responsables de nuestro avance a paso de caracol por el camino a la verdad?

De hecho, las decisiones HIOI son un excelente candidato para ese papel. Piensa lo que dijo Jesús acerca de ellas. Dijo que son la forma en que nos defendemos contra la verdad, y que una vez que ponen en funcionamiento nuestra defensa, ésta parece avanzar por propia decisión, sin tener en cuenta nuestra voluntad. El resultado predecible de las decisiones HIOI, entonces, sería dejarnos cavilando porqué diablos está tan lejos la verdad todavía, cuando nunca recordamos que la hayamos alejado. Esto, naturalmente, es exactamente la condición en que se encuentra la mayoría de los buscadores. Tratamos e intentamos y deseamos llegar más cerca de Dios, y luego nos preguntamos dónde está Él, por qué cumple con Su parte del trato. Estamos trabajando tanto; ¿por qué no nos corresponde?

No hay duda que nuestros caminos espirituales se parecen mucho a nuestras dietas. Las empezamos con las mejores intenciones y con las metas más ambiciosas. Machacamos día a día. Y sin embargo, después de todos nuestros esfuerzos, fallamos inexplicablemente. Seguro, hicimos un poco de trampa aquí y allá pero no lo suficiente para justificar estos resultados magros. Algún elemento misterioso en el proceso simplemente no funcionó, y nos quedamos rascándonos la cabeza preguntándonos qué fue lo que salió mal.

Seguramente ese misterioso elemento es nuestras propias decisiones HIOI. ¿Y será de veras un misterio? ¿A quien queremos engañar? A lo mejor la intención firme es restringir nuestra ingesta de ego, sin embargo a lo largo del día, estamos maquinalmente mordisqueando bocados de ego, masticando pensamientos basados en el ego. "Ella es mucho menos espiritual que yo" (cranch). "Me tratan tan injustamente" (cranch). "Qué placer que le den lo que se merece" (cranch). Sin embargo, con la mayoría de estas decisiones, en el mismo instante que las tomamos nos olvidamos de lo que hicimos. Así, al final del día nos encontramos hinchados de ego y ni idea tenemos cómo sucedió. Al ver lo fuerte que nos tiene atrapado nuestro ego todavía, y lo lejos que parecemos estar de Dios, pensamos, "No sé si estoy a la altura de esto. Soy un desastre como buscador espiritual." (cranch, cranch).

Uno de los ejemplos clásicos de estas decisiones HIOI, y el poder que tienen para desviarnos de nuestro camino espiritual, está descrita en "Reglas para tomar decisiones" (T-30.I). Ahí comenzamos el día con una dedicación especial. Nos sentamos y decidimos que vamos a tener un día inusualmente feliz, y que la manera que vamos a lograr tener este día feliz es que no tomaremos ninguna decisión nosotros mismos. Todas nuestras decisiones fluirán desde la orientación del Espíritu Santo. Lo que hacemos en este período de la mañana es establecer un "patrón" de pensamiento (T-30.I.1:3-5) – un modo de pensar para el resto del día que quedará en efecto hasta que cambiemos de parecer (ver T-4.V.6.11).

Esta sección luego sigue dándonos instrucciones acerca de cómo renovar este modo de pensar durante el día. Cada vez que podamos, recordamos la clase de día que queremos y nos decimos que tendremos justamente ese día, siempre que no tomemos ninguna decisión por nuestra cuenta (T-30.I.4:1-2). Entre estos dos procedimientos – el período de la mañana en que establecemos el patrón del día y los momentos frecuentes de reflexión en que renovamos el patrón para el día – deberíamos poder perseverar con nuestras intenciones. Deberíamos tener ese día feliz.

Sin embargo la mayoría de las instrucciones – ocho de los doce párrafos – hablan de lo que deberemos hacer si nuestro día no sale como se planeó, cuando encontramos que "no estás dispuesto a detenerte por un momento y pedir" (T-30.I.5:3). Hemos decidido por nuestra cuenta que en esta situación particular, sabemos cuál es el problema, y tenemos miedo que la respuesta del Espíritu Santo va a estar dirigido a un problema totalmente distinto, dejando sin solución el problema "real." Por lo tanto, decidimos que no es práctico "detenernos por un momento y pedir" Su orientación; es tiempo de tomar las cosas en nuestras propias manos. Fíjense en lo significativo de este momento: nuestro día entero está planeado para tomar todas nuestras decisiones con el Espíritu Santo, sin embargo acá nos hemos rehusado a tomar una decisión con Él. Estamos cambiando de parecer acerca del propósito del día. Estamos anulando ese modo de pensar que establecimos a la mañana. Estamos cambiando la dirección y comenzando otro día totalmente diferente.

Viendo la naturaleza decisiva de este único momento, la sección provee un "rápido reconstituyente" (T-30.I.5:5). Aquí repetimos palabras diseñadas para borrar de la pizarra el nuevo programa y regresar al original ("No tengo ninguna pregunta. Me olvidé de lo que tenía que decidir" – T-30.I.6:4-5). Esto culmina con pedirle Su ayuda en la situación misma en que la estábamos rechazando. Ahora estamos encaminados de nuevo. Sin embargo la sección reconoce que el rápido reconstituyente tal vez no funcione. De modo que nos da un reconstituyente más largo, en el cual suavemente razonamos hasta salir del miedo de pedir. Este proceso más largo culmina en la pregunta deliberada, "¿Qué puedo perder con preguntar?" (T-30.I.12:4). Se supone que ahora vendrá el pedido – pedido de guía en la situación misma que nos causó miedo.

Como verán hay muchos cañones apuntando a este momento específico, ¿y por qué no? Este es el momento en que desperdiciamos el día que planeábamos y decidimos tener otra clase de día. Tiene perfecto sentido que apuntemos a una solución, y luego una solución de respaldo, en este momento. Sin embargo cuando practico el día que esta sección describe, resulta un gran desafío llevarlo a cabo. La verdad es que no quiero ver que "no estoy dispuesto a detenerme por un momento y pedir que se me dé la respuesta." Yo no quiero ver que me he rehusado a preguntar y que por lo tanto he decidido tener un día distinto. De hecho, mi inversión en mirar para otro lado es tan grande que muchas veces no me permito notar que lo he decidido. Después de un tiempo, recapacito y me doy cuenta que el día está desencaminado, pero no podría decir ni cómo ni cuándo. Parece que sucedió solo. La verdad sencilla es que tomé una decisión HIOI, y cambió todo.

Creo que de alguna manera, este es el día estándar para un estudiante de Un Curso de Milagros. Nos levantamos a la mañana, leemos el Curso, hacemos la lección y tal vez meditemos u oremos. Nos sentimos tan sintonizados, en paz. Observamos el día que nos espera y decidimos que hoy realmente vamos a vivir lo que creemos. El amor y la paz van a fluir de la punta de los dedos hacia todos los que encontremos hoy. Vamos a estar conscientes de nuestra lección todo el tiempo. Luego salimos a enfrentar el día, y comenzamos notablemente bien, pero en algún lugar nos perdemos por el camino. La paz inicial se desvanece. Para mediados de la tarde pensamos "¿Cuál era mi lección?" Ese día espiritual que habíamos planeado no se ve por ningún lado. Las presiones del día simplemente nos llevaron con su corriente y de a poco nos avasalló.

No, esa es la ilusión. La verdad es que en algún lugar del camino tomamos una decisión, una decisión crucial de dejar de lado las prioridades que fijamos a la mañana y tener un enfoque distinto para el día. Tomamos esta decisión tan rápidamente y la olvidamos tan rápido que parece que nunca la hubiésemos hecho. Ni la recordamos. Lo único que queda es su herencia: un día completamente distinto del que habíamos planeado, un día en que, en lugar de sentirnos abrazados por los Brazos de Dios, mantuvimos a distancia la "amenaza" de la verdad.

¿Están comenzando a ver qué tema significativo que es la decisión HIOI? Subiré un nivel más lo significativo que es. En el dictado original del Curso, Jesús dijo lo siguiente: "la mente que no se vigila es responsable de todo el contenido del inconsciente." La mente no vigilada es obviamente la mente en la que las cosas suceden mientras no la observamos, en la que se toman las decisiones sin que nos demos cuenta. ¿No es esto exactamente de lo que estuvimos hablando? La mente no vigilada es donde se toman esas decisiones HIOI. Esto significa que las decisiones HIOI son responsables de todo el contenido del inconsciente. ¿Alguna vez se han sentido a la merced de su inconsciente? ¿Alguna vez se han sentido aprisionados por todas esas reacciones raras que salen a borbotones, invalidando sus mejores intenciones? Bueno, ustedes programaron su inconsciente, y lo hicieron con todas esas decisiones HIOI.

Entonces ¿cómo tomamos nuevamente el control de estas decisiones? Como era de esperar la Lección 136 contiene una respuesta. Dice la lección que si hacemos correctamente el período de práctica, experimentaremos la verdad de aquello contra lo cual nos estuvimos defendiendo. Esto a su vez pondrá el cuerpo bajo un estado notable de protección. Luego la lección dice:

Mas para conservar esta protección es preciso que te mantengas extremadamente alerta. Si permites que tu mente abrigue pensamientos de ataque, que juzgue o que trace planes para contrarrestar cosas que tal vez puedan pasar en el futuro, te habrás vuelto a extraviar, y habrás forjado una identidad corporal que atacará al cuerpo, pues en ese caso la mente estará enferma (L.136.19:1-2).

Fíjate qué es lo que se supone que hagamos: mantenernos "extremadamente alerta." Se supone que debemos observar todos esos pequeños pensamientos que generalmente van sin ser notados – pensamientos de ataque, juicio, planes hechos por uno mismo – todas esas pequeñas decisiones que tienen el poder de descarrilar a la mente de la vía santa por la que comenzamos nuestros días (adviertan qué similar a las "Reglas para Tomar Decisiones"). Hace falta que observemos a la mente no vigilada. Hace falta que a nuestras decisiones HIOI las agarremos con las manos en la masa. Una vez que lo hagamos, la lección nos instruye que lo "remediemos de inmediato" (L136.20:1) repitiendo en silencio la versión extendida de la lección del día que se provee.

Podemos ver una fórmula en esto:

  1. Observa con cuidado la mente no vigilada.

  2. Descubre infraganti tus decisiones HIOI.

  3. Luego reemplázalas con decisiones santas, que harás repitiendo pensamientos basados en el Curso.

Extrañamente, esto es exactamente lo que hacemos en "Reglas para tomar decisiones."

A estas alturas probablemente pienses, "O Dios. ¿Entonces significa que Jesús realmente espera que haga toda esa práctica en el Libro de Ejercicios?" Si eres como otros estudiantes del Curso, probablemente ya hayas decidido cuáles son las razones por las que no tienes que aprender la vigilancia constante que el Libro de Ejercicios te está tratando de enseñar. Probablemente ya hiciste tus paces con la idea que no hace falta que tu camino espiritual incluya un fuerte entrenamiento de tu mente. Sin embargo, a lo mejor ésta fue sólo la decisión de permitir que el zorro cuide el gallinero. Tal vez es hora de repensar la actitud laissez faire con que abordamos la disciplina mental. Quizás necesitemos releer los primeros párrafos del Libro de Ejercicios, que dicen:

"Una mente sin entrenar no puede lograr nada. El propósito de este libro de ejercicios es entrenar a tu mente a pensar según las líneas expuestas en el texto (LE.In.1:3-4).

Las decisiones HIOI son un tema enorme en el camino espiritual, a no dudarlo. Son la letra chica que debilita todo nuestro contrato espiritual. Son las termitas en las vigas que son una amenaza para la estructura del techo. Sin embargo, aunque sus efectos actuales son aleccionadores, el potencial que representan son estimulantes. ¡Piensen lo que podría suceder si sólo pudiésemos pescarnos infraganti, y reemplazar esas solapadas decisiones del ego con decisiones santas responsables! Podríamos beneficiarnos con todos los tesoros espirituales que siempre anhelamos. Podríamos volar hacia la puerta del Cielo. Ese progreso lento del que hablamos sería un recuerdo distante.

Lo único que haría falta es tener la voluntad de entrenar la mente.

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