El Espíritu Santo, ¿planea los eventos de nuestras vidas?

by Robert Perry

El Curso dice que nosotros somos los que elegimos los eventos de nuestras vidas

Es imposible que me pase algo sin yo mismo haberlo pedido. Aun en este mundo, soy yo el que rige mi destino. Lo que sucede es lo que deseo. Lo que no ocurre es lo que no deseo que suceda. Tengo que aceptar esto. (L-pI.253.1:1-5)

El Curso también dice que el Espíritu Santo planea los eventos de nuestras vidas

¿Qué no ibas a poder aceptar si supieses que todo cuanto sucede, todo acontecimiento, pasado, presente y por venir, es amorosamente planeado por Aquel cuyo único propósito es tu bien? (L-pI.135.18.1)

Recuerda que nadie está donde está por casualidad y que nada en el plan de Dios es al azar. (M-9.1.3)

El planeamiento de Dios es tal que la verdad siempre está a tu alcance

Dios es ciertamente tu fortaleza, y lo que Él da, es verdaderamente dado. (L-pI.42.2.1)

Dios planea que ciertas personas se encuentran debido específicamente al potencial que existe entre ellos

Por lo tanto, el plan dispone que cada maestro de Dios establezca contactos muy específicos. En la salvación no hay coincidencias. Los que tienen que conocerse se conocerán, ya que juntos tienen el potencial para desarrollar una relación santa. Están listos el uno para el otro. (M-3.1.5-8)

Hay lecciones específicas planeadas para cada encuentro, que se pueden aprender en ese momento

Para un maestro de Dios avanzado esta pregunta ["¿Cómo debe pasar el día el maestro de Dios?"] es irrelevante. No tiene un programa fijo, pues las lecciones cambian de día en día. Pero el maestro de Dios está seguro de una sola cosa: las lecciones no cambian al azar. Al darse cuenta de esto y entender que es verdad, el maestro descansa contento. Se le dirá cuál ha de ser su papel, hoy, mañana y siempre. Y aquellos que compartan ese papel con él le encontrarán para que juntos puedan aprender las lecciones de ese día. Nadie de quien él tenga necesidad estará ausente; no se le enviará nadie que no tenga un objetivo de aprendizaje ya establecido y que pueda aprender ese mismo día. (M-16.1:1-7)

Imágenes de las lecciones que se aprenden

El nivel más simple de enseñanza aparenta ser bastante superficial. Consiste en lo que parecen ser encuentros fortuitos: el encuentro de dos supuestos extraños en un ascensor "por casualidad"; el niño que sin mirar adonde va se tropieza con un adulto "por accidente"; dos estudiantes que "de pronto" se encuentran caminando juntos a casa. Estos encuentros no ocurren al azar. Cada uno de ellos tiene el potencial de convertirse en una situación de enseñanza-aprendizaje. Quizá los dos supuestos extraños en el ascensor se sonrían el uno al otro; tal vez el adulto no reprenda al niño por haber tropezado con él, y tal vez los estudiantes se hagan amigos. Es posible, incluso en el nivel de encuentro más fortuito, que dos personas pierdan de vista sus intereses separados aunque sólo sea por un instante. Ese instante será suficiente. La salvación ha llegado. (M-3.2)

Insinuaciones acerca de que nadie ha sido enviado por accidente

Hay una regla que siempre debe observarse: no debe rechazarse a nadie porque no pueda pagar. Nadie es enviado a otro por accidente. Las relaciones siempre tienen un propósito. Cualquiera que pueda haber sido el propósito antes de que el Espíritu Santo entrara en ellas, son siempre Su templo potencial; el lugar de descanso de Cristo y el hogar de Dios Mismo. Quien quiera que llegue, ha sido enviado. Tal vez ha sido enviado a dar a su hermano el dinero que necesita. Ambos serán bendecidos de este modo. Tal vez fue enviado a enseñar al terapeuta cuánto necesita el perdón, y cuán poco valor tiene el dinero al compararlo con éste. De nuevo, ambos serán bendecidos. (P-3.III.6:1-9)

En cada situación Él dispone que haya una elección distinta, que te alejará del dolor que te causaste a ti mismo

Las pruebas por las que pasas no son más que lecciones que aún no has aprendido que vuelven a presentarse de nuevo a fin de que donde antes hiciste una elección errónea, puedas ahora hacer una mejor y escaparte así del dolor que te ocasionó lo que elegiste previamente. En toda dificultad, disgusto o confusión Cristo te llama y te dice con ternura: "Hermano mío, elige de nuevo". (T-31.VIII.3:1-2)

En cada encuentro yace un potencial santo, representado por la presencia silenciosa de Jesús

Cuando te encuentras con alguien, recuerda que se trata de un encuentro santo. Tal como lo consideres a él, así te considerarás a ti mismo. Tal como lo trates, así te tratarás a ti mismo. Tal como pienses de él, así pensarás de ti mismo. Nunca te olvides de esto, pues en tus semejantes o bien te encuentras a ti mismo o bien te pierdes a ti mismo. Cada vez que dos Hijos de Dios se encuentran, se les proporciona una nueva oportunidad para salvarse. No dejes de darle la salvación a nadie, para que así la puedas recibir tú. Yo estoy siempre contigo, en memoria tuya. (T-8.III.4)

Conclusión

El Espíritu Santo no dispone situaciones para que los eventos externos nos causen dolor y sufrimiento. En cada situación, en lugar de preparar una dificultad externa, Él ha ubicado un regalo interior, un obsequio que generalmente es sólo potencial, mas un presente que está calculado para que lo podamos alcanzar. Este regalo es el antídoto de todo el dolor y sufrimiento que nosotros le inyectamos a la situación. Es el camino de salida. El Espíritu Santo se ubica dentro de la situación y nos susurra, diciéndonos cómo hacernos de este regalo. Nos dice que elijamos distinto que en el pasado. Nos dice que elijamos ver las cosas de otra manera. Cuando elegimos así experimentamos Su regalo y se nos libera del dolor que nos infligimos a nosotros mismos.

Ejemplos de cómo acceder a este potencial oculto

Resulta particularmente útil aplicarla en silencio a todas las personas con las que te encuentres, usando su nombre al hacerlo. (L-pI.37.6.2)

Permite que todo aquel con quien te encuentres, o en quien pienses o recuerdes del pasado, asuma el papel de salvador, de manera que lo puedas compartir con él. Por ti y por él… rogamos: ¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos! (L-pI.78.10:3-5)

Asegúrate de extender la promesa de la idea de hoy a todo aquel con quien te encuentres en este día diciéndole:

Tú y yo somos un solo Ser, unidos con nuestro Creador en este Ser. Te honro por razón de lo que soy, y de lo que es Aquel que nos ama a ambos cual uno solo. (L-pI95.15:2-4)

Ejercicio

Piensa en algún encuentro casual que hayas tenido hoy, alguna interacción con alguno al que no diste demasiada importancia ni antes, ni durante, ni después. Imagínalo en tu mente.

Ahora date cuenta que no fue un encuentro casual.

No fue un encuentro al azar.

Los dos se encontraron por disposición del Espíritu Santo.

Él vio una predisposición en ambos,

para que algo santo sucediera entre los dos.

Él vio que este tenía el potencial para ser un encuentro santo.

Imagina que el encuentro sucede de nuevo y obsérvate en la situación recordándote:

"Tal como lo consideres a él (o ella), así me consideraré a mí mismo.

Tal como lo trato, así me trataré a mí misma.

Tal como piense de él, así pensaré de mí misma.

Ahora mismo, en él o bien me encuentro a mí mismo o bien me pierdo a mí mismo.

Somos dos Hijos de Dios que se encuentran a quienes se les proporciona una nueva oportunidad para salvarse."

Dite:

"Aun en el nivel de este encuentro casual,

es posible que perdamos de vista nuestros intereses separados, aunque sólo sea por un momento.

Ese momento será suficiente para que llegue la salvación."

Ahora date cuenta que Jesús está ahí contigo

silenciosamente presente a favor de la elección que revelará tu Ser para ti,

susurrando por lo bajo, "Hermano, elige de nuevo."

¿Cómo te hace sentir este encuentro?

¿Cómo te sientes acerca de la otra persona?

¿Ves a esa persona de manera distinta de lo que la veías la primera vez?

Obsérvate con los ojos de la mente.

¿Te comportas de otra manera que la primera vez?

¿Qué le dices? ¿Qué haces?

¿Cómo responde la otra persona?

¿Sientes que haya llegado la salvación?

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