Desde La Mente De Mono Hacia La Mente De Dios

by Greg Mackie

¿Alguna vez has observado tu mente sólo para observar cuán dementes y aparentemente incontrolables pueden ser tus pensamientos? Yo sí lo he hecho, y no es un cuadro alentador. Los budistas tienen un nombre para la mente que produce esta demencia: "mente de mono". Los budistas sostienen que la mente es como un mono saltando frenéticamente de un lado a otro, pero no un mono cualquiera, sino un mono borracho picado por un escorpión. Estoy seguro que muchos podemos identificar esa descripción. En ocasiones, parece imposible acallar nuestros pensamientos y encontrar esa preciosa paz interior que anhelamos.

Afortunadamente, el Curso señala que existe una alternativa a esos pensamientos dementes de la mente de mono: nuestros pensamientos reales. Son éstos los pensamientos que habrán de traernos la paz que anhelamos. ¿Qué son nuestros pensamientos reales? En la nueva edición del Glosario escrito por Robert Perry, encontramos esta definición:

Los pensamientos que pensamos con Dios, unidos con Su Mente. Nuestros pensamientos actuales no tienen sentido y de hecho no son reales. No tienen ninguna relación con nuestros pensamientos reales. Al pensarlos, en realidad no estamos pensando. Estos pensamientos encubren a nuestros pensamientos reales, que permanecen inmutables dentro de la mente que compartimos con Dios. En la meditación del Curso, nos sumergimos más allá de nuestros pensamientos irreales a fin de experimentar los reales. Estos pensamientos nos dirán que hemos sido salvados y nos mostrarán el mundo real.

En este artículo, quiero expandir esta definición. Voy a describir nuestros pensamientos actuales y reales tal como el Curso los representa para luego ofrecer algunas instrucciones basadas en el Curso, instrucciones dadas para encontrar nuestros pensamientos reales. Espero que esto arroje algo de luz sobre este tema confuso y nos ayude en la jornada interior desde la mente de mono hacia la Mente de Dios.

¿Qué son nuestros pensamientos actuales?

En pocas palabras, nuestros pensamientos actuales – los pensamientos que normalmente ocupan nuestra mente – son el resultado de estar "tratando de pensar sin Dios" (L-pI.51.4:2). Las siguientes categorías nos brindan una idea de la naturaleza de estos pensamientos:

Son irreales y no tienen significado

Nuestros pensamientos se sienten fuertemente reales y significativos para nosotros. Nos parece que nos ayudan a navegar nuestro mundo, que le dan a nuestra vida significado y coherencia y que definen quién somos. El Curso, sin embargo, descarta el contenido usual de nuestra mente de una manera verdaderamente contundente. Tal como señala la definición de Robert Perry, nuestros pensamientos actuales son absolutamente irreales, tan irreales que pensar esos pensamientos ni siquiera es pensar. De hecho, el Curso dice que "la mente está en blanco (L-pI.8.2:4) cuando está ocupada con ellos. En resumen, esos pensamientos son literalmente nada, lo que implica que no significan absolutamente nada. Éste es un gran énfasis al principio del Libro de Ejercicios, cuando nos presenta lecciones como "Estos pensamientos no significan nada" (Lección 4) y "Mis pensamientos no significan nada" (Lección 10).

Son caóticos y efímeros

Aquí es donde realmente vemos ese mono borracho picado por un escorpión. El Curso describe nuestros pensamientos actuales como "pensamientos insensatos e idea descabelladas" (L-pI.45.7:1), "chillidos estridentes e imaginaciones enfermizas" (L-pI.49.4:3) y "frenéticos y tumultuosos pensamientos" (L-pI.49.4:4). Van y vienen cuando se les da la gana. "Dichas imágenes revolotean por (nuestra) mente como hojas arrastradas por el viento, que forman diseños fugaces y se desbandan para volverse a agrupar hasta finalmente dispersarse" (L-pI.186.9:5). Con todas estas insensatas cosas chillando en nuestras mentes, tironeando de nosotros de aquí para allá todo el día, ¿no es de extrañar que encontrar paz nos sea tan esquiva?

Son el origen del ilusorio mundo de sufrimiento y muerte

Nuestros pensamientos producen nuestro mundo. ¿Y qué podrían generar esos pensamientos dementes excepto un mundo que sea tan irreal, sin significado, caótico y efímero como esos mismísimos pensamientos? "El hecho de que vea un mundo en el que hay sufrimiento, en el que se puedan experimentar pérdidas y en el que se pueda morir, me muestra que lo único que estoy viendo es la representación de mis pensamientos dementes" (L-pI.53.5:4). Nuestra mente de mono entonces produce no solamente caos interior, sino también caos exterior. Entonces, ¿por qué querríamos aferrarnos a nuestros pensamientos irreales? Dada la pesadilla que han producido, es un verdadero alivio que nos digan que existe una alternativa para la demencia.

¿Qué son nuestros pensamientos reales?

La definición de Robert Perry lo explica muy sucintamente: "Los pensamientos que pensamos con Dios, unidos con Su Mente". Este pasaje de la Lección 454 expande esta idea:

Piensas con la Mente de Dios. Por lo tanto, compartes tus pensamientos con Él, de la misma forma en que Él comparte los Suyos contigo. Son los mismos pensamientos porque los piensa la misma Mente (L-pI.45.2:1-3).

Podemos tener una mejor idea sobre qué son nuestros pensamientos reales utilizando los opuestos de las categorías que empleamos para describir nuestros pensamientos actuales.

Son reales y tienen significado

Nuestros pensamientos reales son más que nuestros pensamientos sobre la realidad: Al ser pensamientos que pensamos con la Mente de Dios, son realidad. El Curso, de hecho, dice que "toda la creación descansa en los pensamientos que pienso con Dios" (L-pI.54.4:8). Al ser Pensamientos de Dios, nuestros pensamientos reales son realidades amorfas en el Cielo (por lo tanto no son pensamientos verbales). Y como Pensamientos de Dios, tienen más que significado, son significado en si mismos, ya que "Él es la fuente de todo significado" (L-pI.53.4:3). Nuestros pensamientos actuales son literalmente nada, pero los pensamientos reales que pensamos con Dios son literalmente todo.

Son inmutables y eternos

Cuando leo en el Curso pasajes sobre nuestros pensamientos reales (o sobre los Pensamientos de Dios, que son nuestros pensamientos reales), la palabra que aparece una y otra vez en mi mente es estabilidad. En los días en los que el mono en mi mente se ha tragado una botella de Jack Daniels y se ha sentado sobre un nido de escorpiones, imaginarme la estabilidad de mis pensamientos reales es en verdad reconfortante. Nuestros pensamientos reales son como rocas en el embravecido mar del mundo, rocas de las que nos podemos aferrar. Son absolutamente inmutables y eternas, al igual que toda la creación. Son una base sólida de la que podemos depender para mantenernos firmes sin importan cuántos cambios y vaivenes sucedan. Fíjate si puedes ponerte en contacto con la paz que esta estabilidad conlleva al leer el siguiente pasaje:

Debajo de todos los pensamientos insensatos e ideas descabelladas con las que has abarrotado tu mente, se encuentran los pensamientos que pensaste con Dios en el principio. Están ahí en tu mente, ahora mismo, completamente inalterados. Siempre estarán en tu mente, tal como siempre lo han estado. Todo lo que has pensado desde entonces cambiará, pero los cimientos sobre los que eso descansa son absolutamente inmutables. L-pI.45.7

Son la fuente del mundo real, del mundo de la bendición y de la salvación

De la misma forma en que nuestros pensamientos irreales producen un mundo demente, nuestros pensamientos reales nos muestran el mundo real de la perfecta sanidad. "Puedo ver un mundo real, si recurro a mis pensamientos reales como guía para ver" (L-pI.53.1:5). Tienen el poder de transformar el caos que vemos tanto en el interior como en el exterior, en un reflejo de la paz de Dios. Y puesto que los pensamientos reales se comparten con todos nuestros hermanos, esta paz no es para nosotros únicamente. Encontrar nuestros pensamientos reales ayuda a que nuestros hermanos hagan lo mismo, y cuando esto sucede, "el mundo que mis pensamientos reales me muestran alboreará en su visión así como en la mía" (L-pI.54.3:7). En resumen, nuestros pensamientos reales nos rescatan de la pesadilla que nuestros pensamientos irreales han causado. Ellos traen consigo la bendita paz que todos buscamos pero que rara vez encontramos.

¿Cómo encontramos nuestros pensamientos reales?

Tal como indica la definición de Robert Perry, encontramos nuestros pensamientos reales a través de la práctica de las formas de meditación que el Curso enseña. Nuestros pensamientos irreales están en la actualidad cubriendo nuestros pensamientos reales, pero a través de la meditación podemos pasar lo irreal y contactar lo real.

En un momento volvemos a esta cuestión, pero antes me gustaría responder una pregunta que suele formularse en las clases del Círculo de Expiación. La pregunta es ésta: "¿Cómo sabemos que hemos encontrado nuestros pensamientos reales, en particular cuando sabemos que no son pensamientos verbales? El Curso no responde a esta pregunta en forma explícita, pero he aquí la forma en que entiendo esta cuestión. Nuestros pensamientos reales son la realidad misma, por lo tanto encontrar nuestros pensamientos reales significa encontrar la realidad y encontrar la realidad es el objetivo de todas las meditaciones basadas en el Curso. Por lo tanto, pienso que las medidas que el Curso nos ofrece para evaluar el éxito de nuestra meditación son las mismas que podemos emplear para determinar si hemos encontrado nuestros pensamientos reales.

Entre otras cosas, el Curso señala que bien puedes decir que tu meditación ha sido exitosa su tienes una sensación de que "te estás aproximando a la luz" (L-pI.44.10:1), "cuando sientas una profunda sensación de paz, por muy breve que sea" (L-pI.47.7:2), cuando empieces " a sentir como si estuvieses siendo elevado y transportado hacia delante" (L-pI.69.7:1) y cuando sientas "una profunda sensación de dicha y mayor agudeza mental" (L-pI.74.5:4). Creo que con certeza podemos agregar una sensación de amor, santidad, gratitud, unicidad con Dios como así también cualquier otra cualidad que tenga la realidad tal como el Curso la describe. Cuando sentimos estas cosas, por más breve que sea esa sensación, es que estamos en contacto con nuestros pensamientos reales.

Tratemos entonces ahora de encontrar nuestros pensamientos reales. El siguiente ejercicio está basado en las Lecciones 45 y 49, lecciones que nos enseñan una meditación a través de la cual buscamos nuestros pensamientos reales. El Curso nos dice que la llave para el éxito es aportar una determinada actitud durante nuestra meditación. Debemos practicar deseando el objetivo, con un sentido de la importancia y de la santidad que estamos buscando y un sentimiento de certeza en nuestro éxito ya que ésa es tanto la voluntad de Dios como la nuestra. La Lección 45 capta la actitud que necesitamos adoptar en el siguiente párrafo: Para este tipo de práctica sólo se necesita una cosa: que tu actitud hacia ella sea la misma que tendrías ante un altar consagrado en el Cielo a Dios el Padre y a Dios el Hijo. Pues tal es el lugar al que estás intentando llegar (L-pI.45.8:4-5)

Con esta actitud en tu mente, ha llegado el momento de "abandonar lo irreal y buscar lo real" L-pI.45.4:2). Siéntate cómodamente e inspira un par de veces para relajarte. Lee las siguientes instrucciones extractadas de las Lecciones 45 y 49 y trata de cumplirlas lo más fielmente que puedas. La idea es la de entrar en un momento de silencio, por lo tanto bien puedes determinar de antemano la duración de ese momento y poner la alarma de tu reloj para concluir la práctica.

Comienza repitiendo esta idea para tus adentros "Dios es la Mente con la que pienso".

Cierra tus ojos y al mismo tiempo, dite a ti mismo suavemente:

"Mis pensamientos reales están en mi mente. Me gustaría encontrarlos"

Trata luego de ir más allá de todos los pensamientos irreales que cubren la verdad en tu mente y trata de alcanzar lo eterno.

Escucha en profundo silencio. Permanece muy quedo y abre tu mente. Ve más allá de todos los chillidos estridentes e imaginaciones enfermizas que encubren tus verdaderos pensamientos y empañan tu eterno vínculo con Dios. Sumérgete profundamente en la paz que te espera más allá de los frenéticos y tumultuosos pensamientos, sonidos e imágenes de este mundo demente. No vives aquí. Estamos tratando de llegar a tu verdadero hogar. Estamos tratando de llegar al lugar donde eres verdaderamente bienvenido. Estamos tratando de llegar a Dios.

¿Cómo te fue con el ejercicio? ¿Pudiste abandonar, aunque sea brevemente, tus pensamientos caóticos y sumergirte en la paz? Si tu respuesta es sí, has hecho contacto con tus pensamientos reales. Si tu respuesta es no, no te desesperes ya que el Curso nos promete que, en última instancia, esta forma de práctica tendrá éxito al practicarla con regularidad. Si buscamos nuestros pensamientos reales con diligencia y certeza, no podemos fracasar. Al final, y sin importar cuánto tiempo requiera, habremos de abandonar para siempre nuestra mente de mono y con gratitud regresaremos a la conciencia de nuestro hogar eterno en la Mente de Dios.

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