Comunicación ilimitada

Greg Mackie

El Curso nos dice que la comunicación debe ser ilimitada. ¿Significa esto que debemos contarles a todos nuestros pensamientos privados? ¿ Acaso Jesús está hablando aquí de algo similar a la idea cristiana de la confesión?

Respuesta Corta: No, comunicación ilimitada no significa contarles a todos nuestros pensamientos privados. "Comunicación ilimitada", tal como el Curso utiliza esta frase, significa compartir ilimitadamente mente-a-mente (con Dios y con nuestros hermanos) los pensamientos inspirados por Dios, los pensamientos que son ilimitados: amor, paz, alegría, etc.

Por lo tanto, el concepto del Curso con respecto a la comunicación ilimitada no tiene nada que ver con la idea cristiana de confesar nuestros "pecados" entre nosotros o a un sacerdote. Sin embargo, una confesión, (en el sentido de contar nuestros pensamientos y acciones del ego a otra persona); puede servir a un propósito sanador provechoso cuando se encuentra verdaderamente motivado por el amor y guiado por el Espíritu Santo.


¿Qué Es Comunicación?

Toda esta cuestión de comunicación ilimitada y su relación con nuestros pensamientos privados puede ser terriblemente confusa. Para que quede bien entendida, me gustaría comenzar con unos pocos principios generales centrados en la idea de "comunicación" del Curso.

En el Cielo, estamos en directa y plena comunicación con Dios y con todos nuestros hermanos.

La verdadera comunicación es un atributo del Cielo. Es compartir el conocimiento mente-a-mente en forma directa, ilimitada y sin mediación junto con todo aquello inherente a é – amor, paz, alegría, etc. entre todas las mentes en el Cielo: La Mente de Dios y las mentes que conforman la Filiación. Las siguientes citas nos dan una semblanza de lo que es la verdadera comunicación en el Cielo:

El espíritu está en completa y directa comunicación con todos los aspectos de la creación, debido a que está en completa y directa comunicación con su Creador.
Esta comunicación es la Voluntad de Dios… Dios creó a cada mente comunicándole Su Mente y estableciéndola así para siempre como un canal para Su Mente y Su Voluntad.
Puesto que sólo los seres que pertenecen a un mismo orden pueden realmente comunicarse, Sus creaciones se comunican naturalmente con Él y como Él (T-4.VII.3:4-5,7-8)
La comunicación es perfectamente directa y está perfectamente unificada.
Es completamente libre porque nada discordante puede jamás infiltrarse en ella.
Por eso es por lo que es el Reino de Dios.
Le pertenece a Él y es por lo tanto como Él
(T-7.II.7:7-10)

La separación desbarató esta comunicación. El ego inventó formas terrenas de "comunicación" con el objeto de mantener la separación.

El Curso nos dice que "la separación no fue una pérdida de perfección, sino una interrupción de la comunicación" (T-6.IV.12:5). Esta cita nos dice muchísimo acerca de la naturaleza real de la separación. No fue una separación real de Dios en la cual perdimos nuestra perfección innata. Aún estamos con Dios y aún somos perfectos, es sólo que esa parte de nuestras mentes dejó de comunicarse con Él. Esa parte de nuestra mente es, por supuesto, el ego. Desbarató la comunicación con Dios, y con el objeto de continuar con esa ruptura, inventó sus propias formas de "comunicación", formas que en realidad siguen desbaratando la comunicación aunque aparenten recomponerla: El ego, por lo tanto, está en contra de la comunicación, excepto cuando se utiliza para establecer separación en vez de para abolirla:

El sistema de comunicación del ego se basa en su propio sistema de pensamiento, al igual que todo lo demás que él impone.
Su comunicación esta controlada por la necesidad que tiene de protegerse, e interrumpirá la comunicación siempre que se sienta amenazado.
(T-4.VII.2:2-4)

Entre las formas de "comunicación" que el ego inventó para desbaratar la verdadera comunicación podemos encontrar al cuerpo y al lenguaje humano:

El cuerpo es un límite que se le impone a la comunicación universal, la cual es un atributo eterno de la mente (T-18.VI.8:3).

Las palabras fueron hechas por las mentes separadas para mantenerlas en la ilusión de la separación (M-21 1:7).

Estas formas de "comunicación" entonces, fueron inventadas por el ego para limitar nuestra comunicación ilimitada con Dios y nuestros hermanos. Cuando son utilizadas por el ego, las formas terrenas de "comunicación" en realidad conducen a la separación en lugar de la unión.

Dios nos dio al Espíritu Santo como un Vínculo de Comunicación para restaurar una comunicación parcial entre Él y Sus Hijos. El Espíritu Santo utiliza las cosas que el ego inventó para desbaratar la comunicación como medio para restaurar la comunicación.

Como respuesta a nuestra ruptura de la comunicación, Dios nos dio al Espíritu Santo, "el vínculo de comunicación entre Dios el Padre y Sus Hijos separados" (T-6.I.19:1)

El trabajo del Espíritu Santo es mantener abierto el canal de comunicación entre Dios y Sus Hijos, aún cuando nosotros tratamos de mantenerlo cerrado. Dado que el Espíritu Santo utiliza todo lo creado por el ego para que le sirva a Su propósito, Él utiliza todos los dispositivos de separación que el ego inventó para desbaratar la comunicación como un medio para restaurar la comunicación:

Tú has considerado la separación como un medio de interrumpir la comunicación con tu Padre.

El Espíritu Santo la reinterpreta como un medio para re – establecer lo que nunca se interrumpió, pero sí se había velado (T-14.VI.5:1-2)

Por lo tanto, el Espíritu Santo le da al cuerpo y al lenguaje humano el propósito de restaurar la comunicación:

Recuerda que para el Espíritu Santo el cuerpo es únicamente un medio de comunicación.

Al ser el nexo de comunicación entre Dios y Sus Hijos separados, el Espíritu Santo interpreta todo lo que has hecho a la luz delo que Él es.

El ego separa mediante el cuerpo. El Espíritu Santo llega a otros a través de Él. (T-8.VII.2:1-3)

Tú que hablas haciendo uso de símbolos turbios y engañosos no entiendes el lenguaje que has inventado.

No tiene sentido, pues su propósito no es facilitar la comunicación, sino interrumpirla.

Si el propósito del lenguaje es facilitar la comunicación, ¿cómo puede tener sentido dicha lengua?

Más incluso este extraño y tergiversado esfuerzo de querer comunicar no comunicando, contiene suficiente amor como para hacer que tenga sentido si Su Interprete (el Espíritu Santo) no es su hacedor…

Pon en sus manos lo que quieres comunicar. Él lo interpretará con perfecta claridad pues Él sabe con Quién estás en perfecta comunicación (T-14.VI.6:1-4,6-7).

El Espíritu Santo utiliza los dispositivos de la comunicación inventados para la separación para comunicar los reflejos terrenos del Amor de Dios – perdón, verdadera percepción, sanación, etc – para que podamos, un día, ser restaurados en la plena comunicación entre todos y con Dios.

Estrictamente hablando, solamente los pensamientos que vienen de Dios pueden ser verdaderamente comunicados. Los pensamientos basados en el ego pueden ser "compartidos" en un sentido, pero esta no es la verdadera comunicación porque conduce a la separación en lugar de la unión.

Como podemos ver, desde el punto de vista del Curso, la verdadera comunicación es compartir los pensamientos inspirados en Dios, no la falsa "comunicación" del ego.

Sólo puedes compartir los pensamientos que proceden de Dios, los cuales Él conserva para ti. (T-5.IV.3:8).

¿Pero acaso no compartimos también nuestros pensamientos basados en el ego? ¡ Somos expertos, parece, comunicando nuestro temor, ira y ataque a los demás! El Curso se ocupa de esta objeción directamente en el siguiente pasaje:

Tal vez creas que el miedo – al igual que el amor- se puede comunicar y que, por lo tanto, se puede compartir.

Sin embargo, esto no es tan real como pueda parecer a primera vista.

Los que comunican miedo están fomentando el ataque, y el ataque siempre interrumpe la comunicación, haciendo que ésta sea imposible. (T-6.V(A).5:6-8)

Aquí vemos que podemos comunicar pensamientos basados en el ego en un sentido limitado – la ultima oración se refiere a "aquellos que comunican temor". Creo que se refiere a la comunicación en el sentido ordinario de la palabra: obviamente podemos infundir temor en otra persona a través de nuestros pensamientos, palabras y acciones. Pero ésta sería la falsa "comunicación" del ego, que promueve el ataque y por lo tanto sirve para romper la verdadera comunicación.

Esta distinción entre comunicación falsa y verdadera, nos permite que tomen sentido citas como las siguientes:

Incluso la descabellada idea de separación tuvo que compartirse antes de que se pudiese convertir en la base del mundo que veo (L.pI.54.1:3). Sí, podemos "compartir" toda clase de pensamientos basados en el ego con otra persona. Nuestras mentes están unidas: No existen pensamientos privados. (L.pI.19.2:3) Mis pensamientos del ego refuerzan los pensamientos del ego de otras mentes: Mis pensamientos de separación invocan pensamientos de separación en otros. (L.pI.54.1:6)

Pero este "compartir" es solamente la falsa "comunicación" del ego, el compartir las ilusiones: Sin embargo, cuando se compartió esa idea no se compartió nada. (L.pI.54.3:4) Compartir nada no es el compartir verdadero. El compartir verdadero es compartir nuestros pensamientos reales, pensamientos inspirados en Dios. Compartir estos pensamientos es verdadera comunicación, porque conduce a la unión en lugar de la separación.

Comunicación ilimitada no significa contarles a todos nuestros pensamientos privados.

Mantener estos principios generales en mente nos ayuda a que pasajes como éste tomen sentido:

El cuerpo es el símbolo del ego, tal como el ego es el símbolo de la separación. Y ambos no son nada más que intentos de entorpecer la comunicación y, por lo tanto, de imposibilitarla. Pues la comunicación tiene que ser ilimitada para que tenga significado, ya que si no tuviese te dejaría insatisfecho. La comunicación sigue siendo, sin embargo el único medio por el cual puedes entablar auténticas relaciones, que al haber sido establecidas por Dios, son ilimitadas.(T-15.IX.2.3-6)

Si no somos conscientes de lo que el Curso quiere decir con "comunicación", nos resultaría fácil tomar la declaración "la comunicación debe ser ilimitada" como que debemos decirnos los unos a los otros todo lo que se nos cruce por la mente. Pero un examen más minucioso revela que éste no es el caso, especialmente al colocar a éste pasaje en su contexto inmediato. Este pasaje se encuentra en el contexto de la explicación del instante santo, un instante en el cual, nos dicen, "es un momento en el que se recibe y da perfecta comunicación" (T-15.IV.6:5); un instante en el cual dejamos atrás temporalmente nuestro ego y nuestro cuerpo, y entramos en verdadera unión ("relaciones reales") con nuestros hermanos y con Dios. Mientras nos identifiquemos con el ego, nos habremos de resistir fuertemente al instante santo porque el ego (y su instrumento, el cuerpo) intenta limitar la comunicación. Este intento de limitar la comunicación hace que la comunicación real sea imposible, y así nos impide experimentar la comunicación ilimitada del instante santo, que es lo único que puede satisfacernos verdaderamente.

Queda claro entonces que cuando este pasaje habla acerca de la comunicación ilimitada, no puede estar refiriéndose a la ilimitada divulgación verbal de cada pensamiento que tenemos, incluyendo todos nuestros pensamientos del ego y del cuerpo. Esto lo sabemos porque nos acaban de decir que el cuerpo y el ego son intentos para limitar la comunicación y hacerla imposible. La comunicación ilimitada, es entonces, comunicación que está más allá del cuerpo y más allá del ego – en otras palabras, comunicación mente a mente de pensamientos inspirados por Dios, la clase de comunicación dada y recibida en el instante santo, el cual restaura nuestras relaciones reales entre cada uno de nosotros y con Dios.

Entonces, cuál es la idea del Curso con respecto a que guardar pensamientos privados nos impide experimentar la comunicación plena, tal cual vemos en el siguiente pasaje:

¿Cómo puedes hacer esto (entrar al instante santo) cuando prefieres abrigar pensamientos privados y no renunciar a ellos? La única manera en que podrías hacer esto es negando la perfecta comunicación que hace que el instante santo sea lo que es. Crees que puedes abrigar pensamientos que no quieres compartir con nadie, y que la salvación radica en que te los reserves exclusivamente para ti. Crees que en los pensamientos privados que únicamente tú conoces puedes encontrar una manera de quedarte con lo que deseas sólo para ti y de compartir sólo lo que deseas compartir. Y luego te preguntas cómo es que no estás en completa comunicación con los que te rodean, o con Dios que os rodea a todos a la vez. (T-15.IV.7:1-5)

Este pasaje sugiere que el deseo de aferrarnos a los pensamientos privados, nos alejan de experimentar la "comunicación plena", lo cual podría conducirnos a pensar que debemos decirle a todos nuestros pensamientos privados con el objeto de restaurar la comunicación plena. Pero repito, este no es el caso si lo observamos más detenidamente. En primer lugar, este pasaje, al igual que el anterior; se encuentra en el contexto de la explicación del instante santo; específicamente se refiere a los obstáculos que construimos para no permitirnos experimentar el instante santo. Entonces la "comunicación plena" no se refiere aquí a la apertura verbal, sino a la "comunicación perfecta" experimentada cuando compartimos el instante santo. En segundo lugar, el obstáculo apuntado aquí no es la existencia de pensamientos privados per se, sino nuestro deseo de mantener pensamientos privados nuestra preferencia " a tener y guardar pensamientos privados".

Debido a este deseo, negamos la comunicación real experimentada en el instante santo, y nos traicionamos a nosotros mismos al creer que podemos tener pensamientos privados. Tratamos de encontrar la salvación abstrayéndonos dentro de un mundo privado de pensamientos privados, lo cual es imposible dado que, como ya vimos, "No existen pensamientos privados". Es este deseo, en vez de simplemente abstenerse de compartir en forma verbal, lo que nos impide experimentar la comunicación plena con nuestros hermanos y con Dios.

¿Cómo podemos entonces, resolver este dilema con nuestros deseos de tener pensamientos privados que nos impiden experimentar la perfecta comunicación del instante santo? El Curso nos dice cómo hacerlo dos párrafos más adelante y la solución no es la divulgación verbal de nuestros pensamientos privados:

La condición necesaria para que el Instante Santo tenga lugar no requiere que no abrigues pensamientos impuros. Pero sí requiere que no abrigues ninguno que desees conservar. En tu práctica, por consiguiente, trata solamente de mantenerte alerta contra el engaño, y no trates de proteger los pensamientos que quieres negarte a compartir. Deja que la pureza del Espíritu Santo los desvanezca con su fulgor, y concéntrate sólo en estar listo para la pureza que El te ofrece (T-15.IV.9:1-2,8-9)

La primera oración nos dice un poco más acerca de la naturaleza de los "pensamientos privados" a los que se está haciendo referencia en esta sección: ellos son nuestros pensamientos impuros, nuestros pensamientos del ego. Pero el tener esos pensamientos no son sólo el problema, sino el deseo de mantenerlos. Por lo tanto, y con el propósito de experimentar el instante santo, debemos renunciar a nuestros deseos de preservar nuestros propios pensamientos del ego – debemos dejar de proteger "los pensamientos que quieres negarte a compartir. El resto del pasaje nos dice cómo, y no es diciendo esos pensamientos a los demás. En lugar de eso, debemos practicar en la vigilancia de nuestro deseo de proteger nuestros pensamientos impuros, estar listos para deshacerlos, y dejar que la pureza del Espíritu Santo los desvanezca con su fulgor.

La referencia a la práctica, creo yo, es significativa. Se supone que realmente practiquemos esto. Y la práctica dada aquí es muy consistente con las prácticas dadas en el Libro de Ejercicios. El Libro de Ejercicios no nos impulsa a contarles a todos nuestros pensamientos privados. Nunca dice nada como , "Si estás enojado con tu hermano, comunícale tus sentimientos inmediatamente". En lugar de eso, nos dice que hagamos la práctica de permitirle al Espíritu Santo quitar la ira de nuestras mentes, tal como podemos ver en la instrucción para la práctica de la lección 93:

Si te sientes tentado de enfadarte con alguien, dile silenciosamente: La luz , la dicha y la paz moran en ti. Tu impecabilidad está garantizada por Dios. (L.pI.93.11:2-4)

Por lo tanto, yo no creo que el Curso nos esté animando a contarle a la gente todos nuestros pensamientos privados. Entonces, ¿qué debemos decirle a la gente?

La regla básica del Curso respecto de esto es clara: Deja que el Espíritu Santo te diga qué decir. "Pon en sus manos lo que quieres comunicar". Según la cita detallada arriba, Él sabe quién necesita oír qué. Mientras es cierto que no existen pensamientos privados y así todo lo que pensamos está siendo recibido por alguien en algún nivel; creo que es igualmente cierto que existen toda clase de pensamientos que Él no querría que compartiéramos con todos. Existen muchos casos en que hacer esto simplemente no sería amoroso, y Su único propósito para las palabras es que comuniquen amor. Por ejemplo, yo no creo que sea probable que Él nos diga que compartamos con todos los detalle íntimos de nuestra vida sexual. Dudo que Él le diga a un sacerdote, excepto en las circunstancias más raras, que revele algo que le hayan dicho bajo secreto de confesión. Él nunca nos diría que ataquemos verbalmente a otros, lo cual simplemente reforzaría nuestra ira hacia ellos (como dije antes, Él preferiría que hiciéramos práctica basada en el Curso).

En primera instancia, la insistencia del Curso con los pensamientos privados no es entonces, si se los contamos o no a alguien o no. El Espíritu Santo nos dirá cuándo es apropiado hacerlo o no. Sobre lo que sí se preocupa el Curso, es sobre nuestro deseo de aferrarnos a nuestros pensamientos privados, pensamientos del ego, que nos mantienen encerrados en nuestros propios mundos separados, pensamientos que desbaratan y limitan la verdadera comunicación. Debemos renunciar a ese deseo y renunciar a esos pensamientos del ego, de forma tal que la verdadera comunicación pueda ser restaurada.

¿Y qué hay acerca de la idea cristiana de la confesión? ¿Existe algún propósito positivo en compartir verbalmente nuestros pensamientos y acciones basadas en el ego con otra persona o un sacerdote?

Creo que a esta altura está muy claro que cuando Jesús nos habla sobre comunicación ilimitada, no se está refiriendo a la idea cristiana de la confesión, como vemos ejemplificado en el consejo del Apóstol Santiago de "confesad los pecados unos a otros para que os curéis" (Santiago 5:16) y el sacramento católico de la confesión a un sacerdote. Comunicación ilimitada significa compartir el amor ilimitado de Dios, no la confesión de cada pensamiento ("pecaminoso") basado en el ego. Como ya he dicho más arriba, el Espíritu Santo te dirá qué decir y a quién. Y del mismo modo en que Él preferiría que te abstengas de compartir verbalmente ciertas cosas si no son amorosas, yo creo que Él también te guiará a revelar ciertas otras, incluso pensamientos basados en el ego, si su propósito es verdaderamente amoroso.

En otras palabras, yo realmente creo que hay veces en que Él quisiera que nos confesáramos entre nosotros nuestros pensamientos del ego y los actos que deriven de tales pensamientos. Hay veces en las que hacer esto puede servir a propósitos verdaderamente amorosos. Los siguientes son ejemplos de situaciones donde yo creo que la confesión de nuestros pensamientos y acciones del ego pueden ser útiles, si son hechos en armonía con el propósito sanador del Espíritu Santo.

Esta ejemplificación está basada más en mi propia experiencia personal , aunque me baso en el Curso para apoyar mis comentarios donde pueda:

Confesarle A Una Persona Los Pensamientos Negativos Que Tenemos Sobre Ella

Este hecho debe ser tomado cuidadosamente, porque como he dicho antes; yo no creo que el Espíritu Santo quisiera que descarguemos nuestra ira entre nosotros. La manera en la cual nosotros compartimos nuestros pensamientos y sentimientos negativos tiende a reforzarlos. Generalmente es un ataque que implica culpar al otro por nuestros sentimientos negativos y demandamos que la otra persona cambie de forma tal que nosotros seamos felices.

Sin embargo, yo creo que existe una forma amorosa de compartir sentimientos de esta clase, y que el hecho de compartirlos puede, a veces, ser útil. Para dar un ejemplo personal, cuando estoy enojado con mi esposa, he encontrado que es una buena idea admitirlo ante ella. Ella generalmente se da cuenta, porque no soy muy bueno ocultando cosas, por lo que no pierdo nada siendo de lo más honesto sobre esto. Pero pongo lo mejor de mí para compartir mi enojo de una forma tal que no la culpe a ella por mi ira; trato de dejar en claro que asumo toda la responsabilidad por mi ira, y que me estoy comprometiendo a practicar con mi ira para poder deshacerla. Este compromiso de retirar la culpa y dejar que la ira se disuelva, establece una nueva clase de "compartir" distinto del ataque de arremetida usual; que generalmente denominamos "comunicación honesta".

Creo que el valor más grande de esta clase de compartir es su honestidad. Creo que es muy fácil para nosotros como estudiantes del Curso hacer de cuenta que nuestros sentimientos y pensamientos negativos no están allí -usando las enseñanzas del Curso que nos dice que el ego es irreal para negar lo que nuestros egos están haciendo, ante lo cual el Curso nos dice que este es un uso inapropiado de la negación (ver T-2.VII.5:5-6). Solemos ser tan hábiles para engañarnos. Podemos esconder el resentimiento que tenemos hacia otra gente bajo una fachada sonriente, lo cual generalmente nos engaña más a nosotros que a ellos.

Algunas veces, no estoy realmente consciente del alcance de mis sentimientos hasta que no he hablado de ellos. Confesar mis pensamientos y sentimientos negativos libre de culpa me da la oportunidad de resolverlos de frente, sin decepción. Le da a la otra persona (mi esposa, por ejemplo) la oportunidad de hacer lo mismo, si está abierta a ello. Ella puede examinar honestamente su impacto en mí ( sus pensamientos, palabras y acciones no me causan ira, pero que pueden influenciar – pueden jugar el papel de reforzarla- y puede confrontar sus reacciones a mi ira. Y esta forma de auto honestidad-mirando nuestros pensamientos y sentimientos negativos de forma imparcial, sin ocultar nada está muy valorado por el Curso. Reconocer honestamente estos pensamientos y sentimientos es el primer paso para deshacerlos a través del perdón.

Confesarle Nuestros Errores A Otra Persona Que Ha Sido Lastimada Por Ellos

Todos hacemos cosas que lastiman a otros, ya sea inadvertidamente o a propósito. En tales casos, he encontrado que admitir honestamente mi error ante esa persona que he perjudicado y hacer lo que pueda para corregirlo, es muy poderoso, además de ser simplemente la cosa honorable y gentil que corresponde hacer. Dos de los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos están dedicados a este proceso de "remediar", lo cual ha probado ser una parte vital del proceso de curación para los alcohólicos y otras gentes cuyas adicciones les ha traído mucho dolor y sufrimiento a los afectados por ellos. Por supuesto, esto puede ser utilizado en un mal sentido: podemos convertir nuestros errores en "pecados" y utilizar la "confesión" como una manera de reforzar la culpa. Pero disculparnos y remediar el error cometido, si lo hacemos en el buen sentido, es simplemente una de las formas en las que el amor y el perdón se intercambian en este mundo. Puede sanar heridas y restaurar las relaciones. Admitir errores es honesto, y le da a todos los involucrados la oportunidad de perdonar.

Confesar Pensamientos, Sentimientos Y Actos Negativos A Un Amigo Honrado, Terapeuta, Ministro o Sacerdote.

Confesarle a un amigo de confianza las cosas que nosotros pensamos que son nuestros "pecados" puede abrir la puerta a la sanación. Es una forma de hacernos más honestos, y como dijimos antes, puede ser también una maravillosa forma de experimentar el perdón. He tenido la bendición de contar con tales amigos en mi propia vida. Cuando le digo a un amigo íntimo las cosas que están pasando en mi vida, con cáscara y todo, este amigo me puede extender el perdón escuchando sin juzgar y dejándome saber que mis "pecados" no afectan su amor por mí de ninguna manera. Yo puedo, por supuesto, hacer lo mismo por él.

El Curso nos dice que el mismo Jesús puede ser este amigo de confianza, si lo invitamos a serlo:

Es posible leer sus palabras (las de Jesús) y beneficiarse de ellas sin aceptarle en tu vida. Mas Él te ayudaría todavía más si compartieses con él tus penas y alegrías y renunciases a ambas para hallar la paz de Dios. (C-5.6:6-7)

Jesús nos está invitando a compartir nuestras vidas con él completamente – nuestro dolor, nuestros secretos culposos y nuestras "alegrías" mundanas ", todas ellas en el camino de la paz de Dios. Nos está invitando a ser totalmente honestos con él, "pues no debemos ocultarnos nada el uno al otro" (T-4.III.8:2)

Si estamos dispuestos a compartir todos nuestros "pecados" con él, su perdón infinito puede desvanecerlos con su fulgor. Podemos también compartir nuestras penas y alegrías, por supuesto, con un sanador profesional: un terapeuta, un ministro o un sacerdote. De acuerdo al suplemento de Psicoterapia, el perdón es la función del psicoterapeuta:

El proceso que toma lugar en esta relación (entre terapeuta y paciente) es en realidad uno en el cual el terapeuta en su corazón le dice al paciente que todos sus pecados han sido perdonados, junto con los suyos propios.(P.2.VII.3:1)

Podemos ver cómo esto podría funcionar en una relación terapéutica en la vida real. En muchas formas de psicoterapia, un paciente se pasa mucho tiempo "confesando" sus problemas, neurosis, sueños, fantasías oscuras, etc. Al terapeuta. Descubrir estas cosas es una parte importante de la terapia. Pero el verdadero trabajo del terapeuta, de acuerdo al suplemento de Psicoterapia, es el de escuchar todo esto sin juzgar y, en su corazón, permitir que el paciente sepa que nada de esto ha tenido ningún efecto en su Ser verdadero – él ha sido perdonado.

Sospecho que esta experiencia del perdón está en el corazón del sacramento católico de la confesión. Creo que hay ciertas cosas acerca de este sacramento con el que el Curso discreparía – el Curso tiende a desaprobar los rituales, y definitivamente no estaría muy de acuerdo con la idea de hacer "penitencia". Pero a mí (un no católico) me parece que en el corazón del sacramento de la confesión esta la oportunidad de ser honesto con alguien (un sacerdote, un representante de Dios) acerca de los propios "pecados" y escuchar luego decir a ese alguien "tus pecados están perdonados". Entras al confesionario como un pecador pero te vas con la bendición de Dios. Puedo entender que tal experiencia puede ser muy sanadora.

El Uso Positivo De La Confesión: Honestidad Que Conduce Al Perdón

El sentido que he encontrado luego de examinar estas situaciones variadas es que la confesión realizada de una manera saludable, tiene dos beneficios mayúsculos.

Primero, nos ayuda a hacernos más honestos con nosotros mismos acerca de los pensamientos y acciones de nuestro ego, o los tan llamados "pecados".

Segundo, nos da una oportunidad excelente de experimentar el perdón para esos "pecados". Veo estas dos cosas trabajando en conjunto: somos más honestos acerca de nuestros pensamientos y actos del ego, lo cual nos coloca en una posición donde pueden ser deshechos por el perdón. Y ambas cosas -honestidad y perdón- son importantes. La honestidad sin el perdón es mera descarga, lo cual en mi experiencia sirve generalmente para reforzar los pensamientos y sentimientos negativos que se "ventilan" en vez de disiparlos. Sin el perdón, la confesión termina reforzando la culpa. Por lo tanto no es verdaderamente sanadora por sí misma, aunque existen muchos sistemas terapéuticos basados en la idea que solamente con descubrir y expresar nuestros sentimientos negativos, sanaremos . Pero el perdón sin la honestidad no es suficiente tampoco, simplemente porque las cosas con las que no somos honestos no pueden ser perdonadas mientras las ocultemos de nuestra conciencia.

Por lo tanto, la confesión guiada por el Espíritu Santo puede servir a un propósito amoroso. Nos puede permitir traer honestamente la oscuridad del ego a la superficie, de forma tal que pueda ser sanada por la luz del perdón. La confesión a otra persona es una forma en la cual podemos entregar nuestros secretos al Espíritu Santo para que Él los pueda desvanecer con su fulgor. Y entregarle nuestros secretos a El es todo lo que necesitamos para experimentar Su luz Sanadora.

El Espíritu Santo tan solo te pide esto: que lleves ante El todos los secretos que le hayas ocultado. Ábrele todas las puertas, y pídele que entre en la oscuridad y la desvanezca con su luz. Si lo invitas, Él entrará gustosamente. Y llevará la luz a la oscuridad si le franqueas la entrada a ella. Pero El no puede ver lo que mantienes oculto. Llévale por lo tanto, todos tus pensamientos tenebrosos y secretos y contémplalos con El. Él abriga la luz, y tú la oscuridad. Ambas cosas no pueden coexistir cuando las contempláis juntos. Su juicio prevalecerá, y El te lo ofrecerá cuando unas tu percepción a la Suya (T-14.VII.6:1-5,8-11)

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